Bona intuïció, precària realització

26 10 2015

SDG Projections: Massive scale projections and  peoples’ voices to celebrate UN70 and visually depict the 17 Global Goals Organized by the United Nations Department of Public Information in partnership with the Executive Office of the Secretary-General, the Office of the Special Adviser on Post-2015 Development Planning, the Global Poverty Project and other partners General Assembly 69th session: High-level Forum on a Culture of Peace Opening Statements by the Acting President of the General Assembly and the Secretary-General, followed by panel discussions

(Article publicat al Diari ARA, diumenge 25 d’octubre de 2015)

Per a una persona, 70 anys són molts. Però situat en la perspectiva de la nostra història, no són res.

Mirant cap al passat, la llista de brutalitats, impunitats, matances, discriminacions, repressions i vulneracions que podríem arribar a fer seria quilomètricament desesperant. Tenint en compte d’on venim, el naixement de les Nacions Unides, amb la seva vocació de preservar la pau, d’avançar cap al desarmament i de promoure els drets humans, és una fita que cal remarcar, subratllar i aplaudir. I és que, com a intuïció, l’ONU és un camí a seguir: en un món on els Estats són el centre de poder polític, sovint arbitrari i impune, cal una estructura de governança global capaç de limitar els seus excessos, que aspiri a millors cotes de democràcia i justícia global i que promogui que els Estats passin de la dinàmica de guerra a la recerca dialogada i pacífica de solucions als conflictes.

Mirant el present, l’ONU se’ns apareix com una realitat precària i incapaç. Un escàs lideratge, torpedinat pels mateixos Estats, sovint incapaç de desllorigar conflictes armats enquistats, d’afrontar crisis humanitàries per manca de recursos o de fer complir els Drets Humans més fonamentals, ja no a règims dictatorials, sinó a les principals democràcies del món.

Però les Nacions Unides són un sistema complex: organismes i estructures que, a vegades, emeten discursos i pràctiques ben contradictòries entre si. Tot balanç, per tant, ha de contenir llums i ombres. Les dosis de doble moral i hipocresia que trobem al Consell de Seguretat no ajuden a que aquest planeta superi alguns dels seus greus problemes i tensions. Però, clarament, per posar dos exemples, sense la feina de l’ACNUR amb els refugiats o la necessària mirada del Programa per al Desenvolupament Humà (PNUD) el món seria molt pitjor.

Com a futur, s’imposen moltes i profundes reformes (una d’imprescindible: un Consell de Seguretat que matisi el dret a vet i que sigui geogràficament realment plural i equilibrat). I abordar nous reptes quan encara no té resolts els inicials: no només ha de continuar procurant posar els Estats sota la perspectiva dels Drets Humans, sinó que també ha de fer-ho amb els actors econòmics transnacionals que fa temps es mouen sense cap fre ni control.

El món necessita a crits unes diferents i millors Nacions Unides, més coherents, més dignes i més ambicioses. Fem-ho possible.

Anuncis




¿Guerra en Siria? Breve guía para el debate

7 09 2013

La posibilidad de que haya un ataque militar sobre Siria la próxima semana va creciendo. En los primeros debates sobre el tema, en la calle y en los medios, además de aportaciones muy interesantes, también se pudieron ver análisis sesgados y con demasiados tópicos, prejuicios y simplificaciones. Con humildad, pero desde una voluntad honesta de contribuir a desgranar lo que pasa, escribí este texto en catalán el 28 de agosto. La ‘guía’ circuló mucho y varias personas me solicitaron una versión en castellano y, de hecho, algunas realizaron traducciones por su cuenta (muchas gracias!). Ahora, partiendo de la traducción realizada por la activista colombiana por la paz y los derechos humanos residente en Barcelona, María del Rosario Vasquez, he reescrito esta Guía en castellano, con algunas pequeñas modificaciones y actualizaciones.

“Quizá la próxima semana empieza la guerra en Siria”

No. Sería probablemente mucho más sencillo para todos. Pero, desgraciadamente, la guerra hace mucho tiempo que empezó. Más de dos años. Con unos resultados devastadores: más de 100.000 muertes, más de 2.000.000 refugiados y más de 4.000.000 de desplazados internos en un país de unos 20.000.000 de habitantes. No podemos decir ‘Vaya, otra guerra!‘. Sino nos hemos enterado, o no hemos querido verla, es un problema nuestro, pero encima, no carguemos nuestra ignorancia, incompetencia o falta de sensibilidad sobre una población, la siria, que ha sufrido y sufre mucho.

“Así lo que empieza es una guerra en clave internacional”

Sí. Pero no.

Sí porque supondría la participación directa de ejércitos de otros estados. No, sin embargo, porque de hecho de implicación regional e internacional en la guerra ya había. Irán y Hezbolá (implicando, aunque sea en parte, al Líbano) han estado ayudando al régimen con logística, entrenamiento y combatientes. Rusia y China le han facilitado armas y apoyo diplomático. Por el otro lado, Turquía ha acogido la base de operaciones de algunas fuerzas opositoras armadas y Arabia Saudita y Catar han entregado armas a sus grupos de confianza respectivos. También varios países occidentales han aprobado, y algunos ejecutado, envíos de armas, además de brindar entrenamiento a algunas de las fuerzas sirias rebeldes. Además de algunas amenazas, Israel atacó puntualmente Siria esta primavera.

De ingerencia, por tanto, hace tiempo que hay. Ahora, tomará un camino más explícito y visible.

“¿Quién tiene razón? ¿Quiénes son los buenos y quiénes los malos?”

En los cuentos hay ‘buenos’ y ‘malos’. En la vida real, no. Ahora bien, que no haya malos malignos y buenos celestiales, no quiere decir que no se puedan determinar responsabilidades. Que es lo que, al fin y al cabo, es relevante desde un punto de vista del análisis político.

El régimen actual de Bashar al-Asad es la continuación de un régimen iniciado por su padre a través de un golpe de estado en 1970. Sí, la historia de Siria -y de otros muchos países- está llena de ingerencias militares en la vida política. Obviamente, en más de 40 años de régimen de la familia al-Asad, se han hecho muchas cosas. Algunas interesantes, otras vulgares y otras despreciables. Entre estas últimas, y similarmente a muchos regímenes dictatoriales, está la violencia desatada contra la disidencia o, sencillamente, discrepancia, de personas, grupos, confesiones y partidos. De matanzas, torturas, asesinados, etc. el régimen de los al-Asad tiene un largo y tétrico historial. En los dos últimos años y, con objeto de parar la indignación ciudadana en la calle, la represión ha sido especialmente intensa y brutal.

Durante 2011, en el marco de la ‘primavera árabe’, una parte de la sociedad siria salió a la calle para reclamar un cambio. Las fuerzas opositoras se manifestaron de forma civil y pacífica. Pero ante la fortaleza del régimen y la sensación de que la comunidad internacional no reaccionaba, fue calando la convicción de que les hacía falta una vía armada -una conclusión, a mi modo de ver errónea, pero a la que llegan muchos grupos de oposición en casos similares (¿cuánta violencia acaba provocando la inacción y la desatención de los problemas?). En la medida que el brazo armado de la revuelta tomó protagonismo, la reacción del régimen fue aún más brutal. Y, en medio del marasmo de actores, los vacíos de poder y la lógica de la violencia, también se introdujeron grupos vinculados a Al Qaeda, sin interés específico en la situación siria, pero con ganas de aprovechar el caos para hacer avanzar sus posiciones. En fin, ahora ‘disponemos’ de una inmensa variedad de actores armados en el escenario sirio. Y, cuanto más tiempo pasa, más brutalidad ejercen unos y otros.

Pero, por ser el Gobierno, por la represión histórica y actual, por negarse al diálogo, etc. es más que evidente e innegable la responsabilidad principal del régimen en la situación actual.

“¿Qué tiene que ver el islamismo en todo esto?”

Hace poco celebrábamos 50 años del mítico discurso de Martin Luther King, un activista por los derechos civiles y, además, clérigo de la Iglesia Bautista. Pues bien, entre los grupos más extremistas y racistas contra la población negra, había gente creyente y también clérigos en activo. Sí, ser cristiano tendría que significar mucho. Pero, en la práctica, tanto en el antiracismo más ilustrado como en el racismo más primitivo ha habido quien ha justificado lo que hacían con la fe cristiana.

No sé porque cuando hablamos de los ‘musulmanes’ no lo tenemos presente: ¡también hay una increíble diversidad dentro del islam!

Hay quién, de forma simplista, ha dicho: si cae al-Asad ganarán los integristas. Bien, efectivamente, Arabia Saudita -uno de los países más integristas- está apoyando a los grupos opositores de matriz salafista. Además, están los grupos vinculados a Al Qaeda. Pero Irán, otro peso pesado del integrismo, en este caso chiita, apoya al régimen. Vaya, de integrismo, aunque sea de ramas diferentes dentro del islam, encontramos en los dos bandos. Y si entramos en los juegos de los diversos países del mundo árabe y musulmán y de los movimientos organizados dentro del islam político sobre el tema sirio, vemos que -como tantas otras veces en tantos otros sitios- además de filiaciones y lógicas coherentes, también pesa una lógica de poder.

“¡Ya tenemos una nueva guerra imperialista!”

El imperialismo, la actuación por la cual unos Estados quieren controlar el devenir de otros para su propio provecho (político, económico, geoestratégico, etc.), existe y ha sido ampliamente practicado, entre otros, por algunos de los gobiernos que podrían iniciar el ataque sobre Siria (y por cierto, también por algunos de los que apoyan el régimen).

Ahora bien, llevamos más de 2 años así. En fin, una voluntad ‘imperialista’ se hubiera esforzado a hacer algo un poco antes… En todo caso, toda persona leída sabe que Obama tenía escaso interés en entrar en este conflicto. Si lo acaba haciendo es más porque se ve forzado a hacer algo que no porque tenga un interés real. No entiendo que casi nadie destaque que, cuando Obama dijo aquello de las armas químicas como línea roja, más que una amenaza al régimen le estaba dando carta blanca: ‘haz lo que quieras mientras no te pases‘. Y, ahora, es prisionero de sus palabras. De hecho, durante estos dos años Obama siempre se manifestó muy escéptico y distante cuándo otros estados reclamaban una acción militar o pedían armar a la oposición.

¿Que cada país tiene su criterio y preferencias sobre cómo querría que fuera el gobierno de Siria? Sí. Dependiendo de quien haya, algunas cosas serán de una manera u otra, está claro. Y, obviamente, Estados Unidos tiene sus intereses en la zona, sus aliados preferenciales y sus querencias sobre quién prefiere en el poder en cada país. Pero, cuidado de repetir clichés sin analizar la realidad concreta: son muchos los analistas en Estados Unidos que sufren por lo que puede venir después de echar al-Asad. La experiencia egipcia y libia, sin ir más lejos, da mucho miedo a los gestores del establishment. En cuanto a la intervención militar, Estados Unidos ha recibido más presión exterior (de Arabia Saudí, Catar, Turquía o Israel) que no interior o de países occidentales.

En cualquier caso, y si alguien se quiere poner a señalar influencias externas, que no se deje a nadie. Rusia tiene mucha responsabilidad en la situación actual. En todos los foros internacionales siempre ha evitado la crítica a Siria y, así, le ha salvado de muchas condenas. Al-Asad ha actuado cómo ha actuado sabiendo que disponía del paraguas ruso, no un país insignificante ni pequeño, sino una potencia con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿Cómo hubieran ido las cosas si Siria hubiera tenido claro que no tenía ningún apoyo significativo?

“¿Servirá la intervención militar? ¿Será útil?”

Una guerra siempre es un fracaso. Y un desastre. Poner más gasolina al fuego es añadir más posibilidades de desastre. Más posibilidades de implicar a más actores. De extender la mecha. Cosa que, en el caso de Siria, y en su contexto, no es nada despreciable. De intervenciones quirúrgicas que lo solucionan todo rápidamente y que no provocan daños colaterales, sólo sabemos por las películas. En la realidad, suelen añadir más muertos y dolor, incluso entre los que ‘pretendes’ proteger.

Diseñar un ataque, iniciar una acción militar y ejecutar unos bombardeos para defender una población que está sufriendo bombardeos y ataques, no acaba de parecer ni demasiado sólido ni demasiado coherente. No, las guerras nunca son humanitarias.

Después, claro, está el tema de la credibilidad. Para muchos, parece un tema moral menor. Pero en momentos críticos como estos, es cuando se ve su importancia: algunos de los principales exportadores de armas, algunos de los estados que más acciones armadas innecesarias han cometido, que más dictadores han ayudado a mantener o, directamente, a instaurar (cargándose gobiernos democráticos), ¿pueden pedir que el mundo les crea cuándo quieren hacer una ‘guerra humanitaria’? En política, y en la vida, tener un poco de credibilidad y coherencia es necesario para obtener un aval.

En cualquier caso, quién desee una intervención militar para poner fin al horror en Siria debería no llevarse a engaño: Obama y Hollande han dicho por activa y por pasiva que quieren dar un toque de atención al régimen (por el uso de armas químicas) no deponerlo.

“¿Había, hay, una salida diplomática?”

Evidentemente. Siempre la hay. De conferencias internacionales, espacios de negociación, exploraciones para buscar soluciones al conflicto, etc. ha habido poca cosa y ejecutada con poca convicción. Comparado con el esfuerzo que se ha hecho, a ambos lados, para facilitar y engordar el conflicto con más armas, es bien poco. Algunos países importantes no han tenido mucha voluntad de resolverlo, pero esto no hace buena ni inevitable la intervención militar: esto hace evidente la carencia absoluta de responsabilidad de buena parte de los Estados.

Efectivamente. Cuanto más se tarda en actuar, más difícil se hace todo y más desesperación hay. Es lo que nos pasa ahora con Siria. Lo que ha pasado hace poco con Malí. Lo que pasó con Libia. Y con Irak. Y en Afganistán. Y en los Balcanes, etc. Sinceramente, no es serio hacerlo sistemáticamente todo mal y, después, decir que lo único que podemos hacer es bombardear.

Todos los países implicados en el conflicto deberían comprometerse activamente a:

a) Dejar de alimentar la guerra (dejando de entrenar, armar y facilitar)

b) Dejar de fomentar la entrada de actores armados externos que dificultan la negociación interna

c) Forzar al régimen a asumir la salida de al-Asad, aceptar un gobierno de transición y la convocatoria de elecciones

d) Presionar a los varios grupos opositores a asumir un pacto como éste que quizás no sería todo lo que desean pero sería lo más viable

“Pero, en el fondo, ¿podemos evitar las guerras?”

Las guerras pueden evitarse si se toman las decisiones y se crean las estructuras adecuadas. Dicho de otro modo: no sabemos si la humanidad es capaz de ahorrarse las guerras, pero es muy evidente que con las políticas que se hacen facilitamos enormemente su existencia.

Si queremos la paz, ¿tiene lógica que el gasto militar mundial sea de 1,75 billones de dólares? ¿Hace falta recordar que, hasta hace 4 meses, no se había aprobado el primer tratado que regula mundialmente el comercio de las armas y que todavía tiene que entrar en vigor? ¿Somos conscientes de que el desarrollo de los sistemas de protección de los derechos humanos y de garantías jurídicas internacionales es aún muy incipiente? ¿Acaso ignoramos que la injusticia y la desigualdad económicas son realidades que definen nuestro mundo? ¿Sabemos que dejamos pudrir buena parte de los conflictos hasta que nos estallan en la cara? ¿Hemos olvidado que, hasta hace cuatro días, muchos gobiernos democráticos apoyaban explícitamente a dictaduras tiránicas? ¿Tenemos presente que muchos Estados, centros de análisis, ámbitos de docencia, gabinetes y asesores destierran los valores en la política exterior y alaban el ‘realismo’ (que quiere decir, ‘justificamos las barbaridades que haga falta para defender nuestros intereses’)?

En fin, tenemos un mundo hecho un desastre. Pero si hay voluntad ciudadana y política para que sea diferente, las cosas pueden ser diferentes. Eso sí: hace falta voluntad política. Y hace falta reacción ciudadana, imprescindible, para que acabe habiendo voluntad política de situar la paz, los derechos humanos y la justicia en el centro de la acción política y no como elemento ornamental decorativo.





De la indignació a l’acció

5 09 2013

(article publicat a El Periódico el 4 de setembre de 2013)

¿Per a qui escric aquest article? Bàsicament per a la gent que, des de la indignació per la situació que pateix el poble sirià, voldria que s’hi fes alguna cosa honesta i no interessada.

Diguem-ho: és una barbàrie. Baixar al-Assad va reaccionar a les protestes pacífiques de fa dos anys i mig amb la repressió habitual del règim que, amb el temps, va anar augmentant de brutalitat. L’oposició va obrir una via armada que va acabar guanyant massa protagonisme. I, amb el caos, va aparèixer el gihadisme. Resultat: 100.000 morts, 2.000.000 de refugiats i 4.000.000 de desplaçats.

Massa indecència. La del règim; la dels grups armats que infringeixen més dolor a la població; la dels països que, enlloc de cercar sortides, s’han dedicat a armar els seus; la de la comunitat internacional, passiva tot aquest temps, deixant podrir la situació. L’indecent cinisme exhibit pels estats: per sortir dels casos habituals i clamorosos de Rússia i els Estats Units, mirem la reunió celebrada recentment de la Lliga Àrab. L’Aràbia Saudita -una dictadura amb un llarg historial de vulneracions dels drets humans- va reclamar una acció militar «per aturar els crims del règim». El representant del Govern egipci -sorgit d’un cop d’Estat que acaba de fer una matança- es va oposar a un atac militar que no comptés amb l’aval de les Nacions Unides, «perquè convé respectar la llei internacional».

Que l’abast de la barbàrie i els nivells d’indignitat no ens aturin. Una intervenció militar no és una eina adequada per promoure els drets humans i la democràcia. Però, de fet, ha quedat clar que si hi hagués atac seria per donar un toc d’atenció al règim, no pas per enderrocar-lo. Així, pacifistes i partidaris de la ingerència militar «humanitària» podrien compartir un objectiu: trobar solucions al conflicte que, amb atac o sense, caldrà abordar.

Com acaba de dir el prestigiós International Crisis Group la prioritat ha de ser «revitalitzar la recerca d’una solució política». Cal aconseguir que potències i governs de la regió assumeixin la seva responsabilitat i impulsin i reobrin els processos negociadors. Unes negociacions on la societat civil que ha patit el conflicte (comunitats, refugiats, dones, etcètera) hauria de tenir-hi veu i participació.

I anant al problema de fons. Des de Bòsnia, per no anar més lluny, sabem que si les coses no es fan bé poden acabar molt malament. I continuem sense fer-ho bé. Si realment les democràcies volen posar fi als règims autoritaris, abans que bombardejar-los tenen una fàcil solució al seu abast: deixar de donar-los suport i no fer els ulls grossos davant de les atrocitats que cometen quan la dictadura és «amiga». És una demanda ètica, però també pràctica: si vols combatre una dictadura mentre n’alimentes una altra que et convé, la teva queixa perd tota la credibilitat. Cal, també, enfortir els instruments de garantia dels drets humans; ampliar els mecanismes de prevenció i de resolució de conflictes; impulsar canvis en el sistema de governabilitat mundial perquè aquesta sigui més democràtica i justa i, és clar, posar controls al comerç d’armes.





El doble repte d’Obama amb les armes

23 12 2012

(article publicat al diari ARA el dissabte 22 de desembre de 2012)

Al president Obama li tocarà afrontar, en molt poc temps, dos importants i complicats reptes sobre el control de les armes, dins i fora dels EUA.

Tècnicament són dos processos que no tenen res a veure: una regulació interna sobre la tinença particular d’armes en el primer cas, mentre que en el segon fa referència a un tractat mundial sobre el comerç d’armes. Però, més enllà de la demagògia de l’Associació Nacional del Rifle (NRA), que ho sol barrejar tot, ara són els fets i el calendari els que faran coincidir els dos processos.

Vint-i-tres matances en els últims vint anys són un balanç esfereïdor. La tragèdia de Newtown ha sacsejat als Estats Units la cultura de les armes regnant, en part arrelada en la concepció que les persones han d’assumir la seva seguretat, però també reforçada pel poderós lobi de la indústria militar.

Les dades són prou eloqüents: la majoria dels conflictes armats del planeta registren menys víctimes que les que es produeixen als Estats Units per arma de foc, 24.000 cada any (10.000 assassinades i 14.000 per suïcidi). ¿Sota quin paràmetre de seguretat i privacitat pot assumir-se aquesta brutal sagnia per a la vida de tantes persones?

La disposició d’Obama, les iniciatives anunciades pels senadors i congressistes demòcrates, el capteniment en les files republicanes i, fins i tot, una prudència poc habitual de la NRA fan preveure que, per primer cop des del 1994, es concretaran mesures restrictives sobre la tinença d’armes: establir una moratòria o prohibició de venda de fusells d’assalt o semiautomàtics, limitar les compres no presencials o controlar més els compradors.

L’altre gran repte mira cap enfora: al març les Nacions Unides acullen la pròrroga del procés per establir un tractat sobre el comerç d’armes. Al costat de normatives per a productes de tota mena, no existeix una regulació mundial de les transferències d’armes. Conseqüències d’aquesta absurditat: més de 700.000 persones perden la vida cada any a causa de la proliferació i el descontrol de les armes. Aquest mes de juliol Obama va frenar l’acord, sumant-se a Rússia i la Xina i ignorant el vot favorable de 100 estats, tement que una adhesió li compliqués la reelecció.

Ara, amb quatre anys per endavant i conscient de l’epidèmia que provoca el descontrol de les armes, dins i fora del país, ja no té excusa. Com ell mateix acaba d’admetre: “aquest cop les paraules s’han de traduir en accions”.





Tractat d’Armes: el tenim a tocar, encara que no sigui magnífic…

24 07 2012

La Conferència pel Tractat sobre Comerç d’Armes a Nacions Unides ja ha entrat en la recta final. I tot es precipita.

Avui al matí l’ambaixador García Moritán ha presentat el primer esborrany del Tractat. Ha estat un moment emotiu. Després de moltes reunions preparatòries amb textos informals disposar d’un esborrany formal és com començar a visibilitzar que el Tractat és a prop i pot esdevenir una realitat.

Sens dubte, aquesta és la primera valoració a fer. Ja ho deia en Xavi Alcalde.

Però en mirar-me el text en una primera i ràpida ullada, he vist coses que m’han desagradat. I he fet algunes piulades en aquest sentit (@Jordi_Armadans 1r esborrany oficial del #TractatArmes Un text complet però amb moltes pèrdues respecte a anteriors docs). Especialment, m’ha preocupat que l’abast de les armes a cobrir pel Tractat s’ha reduït (hi ha armes que no queden citades) i les que se citen, ho són més parcialment i restringida (si enlloc d’avió militar parlem d’avió de combat, per exemple, estem deixant fora molts possibles avions militars que, estrictament, no són de combat). Ara l’aspecte més clamorós és que les municions, tot i esmentar-se, quedarien fora del nucli dur del Tractat.

Tampoc m’ha agradat veure que en els criteris per a autoritzar o no una transferència d’armes, el llenguatge sobre drets humans, desenvolupament, etc. és menys explícit que en textos anteriors. I espanta veure l’alt nombre de països que caldria per a que el Tractat entrés en vigor: 65!!! Això podria fer que trigués anys a realment ser efectiu i d’obligat compliment…

Però, ben cert: el text inclou moltes coses i posa per escrit vells desitjos que, fins avui, no s’han vist concretats.

Les primeres reaccions

La Campanya Armes Sota Control, Saferworld, Amnesty International i la Creu Roja han fet una valoració (gràcies a la Lourdes Vergés disposeu de traducció catalana i castellana on-line abans fins i tot que l’original anglès de la campanya) a primera hora de la tarda que, en bona part, coincidia amb aquesta primera reacció positiva però preocupada que havia fet.

I, en la sessió plenària, les delegacions estatals han començat a reaccionar a l’esborrany. He fet un recompte i el resultat és clar: 29 delegacions han reclamat un Tractat més ambiciós i potent. Especialment, han clamat pel tema de les municions. Vaja, volen més Tractat. 14 delegacions han dit que els semblava un bon punt de partida: segurament algunes d’elles no voldrien avançar més i altres volen millorar-lo però, de moment, es queden amb la bona notícia del que s’han trobat. I 9 delegacions han dit clarament que el Tractat va massa enllà: volen menys tractat.

Queden 3 dies, molta intensitat en poques hores, molts nervis i molts possibles accidents. Però la possibilitat de tenir un tractat que reguli el comerç d’armes és més a prop que mai.





Adéu al descontrol de les armes?

6 07 2012

(article publicat al Diari ARA el dijous 5 de juliol de 2012)

Quan ho expliques, la gent no se sol creure que el comerç d’armes, amb el seu impressionant impacte humanitari, econòmic i social, estigui sotmès a menys controls que el comerç de productes alimentaris, culturals o de lleure. Però, és ben veritat. Alguns països, no pas la majoria, tenen legislacions estatals. Hi ha acords regionals. Però no existeix una regulació mundial del comerç d’armes.

Podem fer interessants debats sobre perquè això és així. Podem valorar que la Defensa és gelosament guardada pels Estats i, per tant, són reacis a donar informació sobre transaccions d’armes. Podem intuir que la indústria militar té un pes prou significatiu com per influir en els governs i evitar que aquests posin pals a les rodes a les seves activitats. I, és clar, podem considerar que tot és fruit d’una concepció equivocada de la seguretat, encara massa equiparada a pautes i esquemes militaristes. Però el que no podem fer de cap de les maneres és negar la importància de posar ordre a al descontrol de les armes.

Les xifres parlen per si soles. Cada any més de mig milió de persones moren a causa de la violència armada. Moltes més són greument ferides o mutilades. Cada dia que deixem de fer-hi alguna cosa, unes 1.500 persones perden la vida. No és que anem mancats d’estris de destrucció precisament: al món tenim vora 700 milions d’armes curtes i lleugeres. Això vol dir que per cada 10 ciutadanes i ciutadans hi ha una arma. I, per si fes falta, cada any aboquem 10.000 milions de munició nova…

El resultat de tota aquesta proliferació (moltes armes) i descontrol (facilitat per al seu comerç) és devastador. D’exemples, malauradament, n’hi ha molts: el règim sirià porta més d’un any massacrant, amb armes russes i xines, una població que ja ha vist morir més de 16.000 persones. Els Estats Units critiquen a Rússia i la Xina per abastir a Síria però venen armes en grans quantitats a l’Aràbia Saudita, Egipte o Israel. Diversos països de la Unió Europea que van liderar, aplaudir o tolerar l’acció bèl·lica sobre Líbia havien venut de 2006 a 2009 1.300 milions d’euros en armes al Sr. Gaddafi, etc.

Vendre armes a un dictador que esclafa la seva població, vendre armes a països que estan en guerra o vendre armes a països amb economies precàries, sense sistema de salut i de desenvolupament, és una manera clara i activa de col·laborar amb la violència, la perpetuació de la pobresa i la vulneració dels drets humans. És hora de posar-hi ordre. De fer-hi alguna cosa. De prendre’s seriosament la responsabilitat de defendre la vida de les persones.

Aquesta setmana, a la seu de les Nacions Unides a Nova York, ha començat una conferència diplomàtica crucial que ha d’abordar l’adopció d’un Tractat mundial que reguli el comerç d’armes. Arribar aquí no ha estat fàcil: a mitjan 90, diverses ONG i Premis Nobel de la Pau van reclamar que s’establissin uns criteris d’obligats compliment per a tots els Estat sobre el comerç d’armes. No serà fins una dècada més tard, el 2006, que l’Assemblea General de les Nacions Unides aprova una declaració de suport a un Tractat sobre Comerç d’Armes. Després de diversos grups d’experts i informes que en validen la viabilitat, el 2009 s’acorda iniciar un procés diplomàtic. Fetes les quatre reunions preparatòries previstes, ara és l’hora de la veritat.

Fins ara, una majoria d’Estats d’Europa, Àfrica i Amèrica Central i del Sud han apostat per un Tractat que sigui vinculant, que abraci totes les armes convencionals i que sigui explícit en nou autoritzar aquelles vendes d’armes que presentin un risc substancial de facilitar la vulneració dels drets humans. Uns pocs, però potents governs (Xina, Rússia, Estats Units, Pakistan, Egipte, etc.), pensen en un tractat merament orientatiu, que deixi fora les armes curtes i lleugeres (les principals responsables de la majoria de morts avui) i que no reculli els criteris de drets humans, desenvolupament, violència de gènere, etc. a l’hora d’autoritzar o denegar una venda d’armes.

La societat civil catalana i mundial ha fet un important treball durant tot aquest temps: donant a conèixer la problemàtica, fent propostes, acompanyant diplomàtics, denunciant governs, facilitant testimonis de víctimes, etc. I, la setmana passada, presentant un significatiu suport ciutadà i associatiu a la demanda d’un Tractat robust i seriós. Ara, és l’hora dels Estats: tenen una gran oportunitat de trobar un marc d’acord, posar les armes sota control i ajudar a salvar vides humanes. No és poc.





‘Deure de responsabilitat’

22 02 2012

(Text de la intervenció feta en la sessió de la societat civil als delegats governamentals de la 4a Reunió Preparatòria cap al Tractat sobre Comerç d’Armes, Nacions Unides, Nova York, 15 de Febrer de 2012)

Senyor president, distingides delegades i delegats, senyores i senyors, amigues i amics,

Sens dubte, és un honor per a una persona implicada en el treball per la pau i la defensa dels drets humans poder adreçar-se a ses senyories a les Nacions Unides. L’honor és més gran encara si la reunió aborda un afer que afecta directament la seguretat de les persones i els pobles, com és la possible aprovació, el proper juliol, d’un Tractat sobre Comerç d’Armes.

Fins avui, han estat moltes hores de treball i debat. Sens dubte, ben interessants. Fins i tot la discussió sobre temes recurrents o qüestions de procediment permeten veure diferents sensibilitats que, finalment, hauran de trobar un punt d’acord. Aquesta és la grandesa d’aquest espai: la construcció, encara que sigui tortuosa i llarga, d’un procés compartit.

Vivim en un món amb enormes carències i dificultats per a bona part de la humanitat. La fam que colpeja, la salut que falta, els drets que es vulneren, la violència que regna. I sobre aquesta dura i complexa realitat hi ha també diverses visions i sensibilitats.

Per exemple, hi ha qui considera que la despesa militar és exagerada i, pel seu cost d’oportunitat, dificulta la satisfacció de necessitats humanes més urgents. I hi ha qui sosté que tota aquesta despesa és necessària per garantir la seguretat. Hi ha qui considera que el comerç d’armes és nefast en si mateix, i hi ha qui considera que es tracta d’una activitat inevitable, vinculada a les necessitats de la defensa. Hi ha qui considera que el deure de protegir la humanitat ha de passar per sobre de la sobirania dels Estats, i hi ha qui creu que sota cap concepte hi ha d’haver ingerències en la sobirania estatal.

Però, més enllà d’aquestes i moltes altres visions i sensibilitats, hi ha algunes coses certes. Un munt de conflictes (alguns petits i localitzats, d’altres de dimensió regional, enfrontant diversos actors armats) han protagonitzat aquestes últimes dècades. Conflictes que han suposat un altíssim nivell de destrucció. I això sense tenir en compte l’epidèmia quotidiana de violència armada que colpeja molts països suposadament en pau.

Quan hom parla amb persones que han patit la violència, hi ha una cosa que sempre m’impressiona. I és el fet que no acaben d’entendre com es va poder arribar a aquesta espiral de destrucció. I és que quan la llavor de la violència esclata, s’escampa amb molta facilitat i genera enormes estralls Òbviament, en la pèrdua de vides humanes, en persones ferides i afectades. Però també en la destrucció d’infraestructures, impactes negatius en el teixit econòmic, més tensions en la salut pública, etc. I, sobretot, destrucció de la convivència. Allò que s’ha construït durant anys, pot caure per un episodi puntual de violència. I costa dècades tornar a reconstruir aquest teixit, invisible però imprescindible, de convivència humana i social.

És cert que en els conflictes armats hi incideixen molts factors. També en el cas de la violència en els conflictes interpersonals, en el crim organitzat o en la delinqüència comú en diferents països. Són situacions que s’han d’avaluar i abordar de forma específica. Però hi ha una cosa que la pràctica totalitat dels conflictes bèl·lics, així com els fenòmens de la violència social comparteixen: les armes. Sí, cada conflicte és un món, té les seves causes, els seus actors, els seus contextos, els seus impactes. Però tots els conflictes violents entre persones o països, es desenvolupen i s’agreugen per la presència i facilitat d’accés a les armes.

Una vegada, un amic em va dir que quan li explicava alguna cosa al seu fill de 12 anys i aquest no ho entenia… és que realment hi devia haver alguna cosa incomprensible. Expliquem a les nostres nebodes i nebots, a les nostres filles i fills, a les nostres netes i nets que hi ha productes d’alimentació, de cosmètica o de cultura que tenen fortes regulacions estatals, regionals i mundials. Expliquem-los, tot seguit, que les armes –amb les seves terribles conseqüències- no en tenen. I no ho entendran. Perquè, realment, és il·lògic, incomprensible, absurd. I, sobretot, és greument irresponsable.

Una regulació forta del comerç d’armes no és una qüestió de visions o de sensibilitats a les quals abans ens referíem. És una qüestió de sentit comú. De gestionar adequadament la realitat, veient els problemes existents i buscant les solucions pertinents. De tenir en compte la protecció de la vida de les persones. D’entendre que el món és el resultat de les decisions que anem prenent …  o no prenent.

Entre les decisions que hem de prendre, hi ha la de no ignorar mai més el fet que les armes convencionals contribueixen a cometre greus violacions de drets humans com la tortura, l’ús excessiu de la força per part de les forces de seguretat, les execucions extrajudicials, els desallotjaments forçosos i les desaparicions.

Perquè un TCA sigui un instrument eficaç en la regulació del comerç internacional d’armes, ha d’incloure una norma de drets humans viable que els Estats puguin aplicar quan estudiïn l’autorització d’una transferència internacional. Aquesta norma ha d’exigir als Estats que no realitzin transferències d’armes quan existeixi un risc substancial que siguin utilitzades per cometre o facilitat greus violacions del dret internacional, dels drets humans o del dret internacional humanitari.

Entenent per “violacions greus” aquelles que plantegen els motius més grans de preocupació a la comunitat internacional, i per “risc substancial” que es vagi més enllà de la mera sospita, però que es pugui preveure raonablement la probabilitat que els usuaris finals utilitzin les armes per perpetrar greus violacions o abusos.

És possible un món plenament en pau? Segurament, la majoria de les persones que som aquí ho desitgem. Però no podem assegurar que sigui possible. En canvi, és possible disposar d’una regulació mundial que impedeixi vendre armes a règims que aixafen les seves poblacions? És possible deixar de facilitar armes a països que s’estan dessagnant en algun conflicte etern?

Sí, és clar que és possible. A més de convenient i necessari, el que és substancial és que és perfectament possible. Té a veure amb la voluntat política, amb l’esforç de posar-se d’acord i amb la valentia d’abordar un problema complex però amb la determinació de buscar la millor solució. Perquè, en definitiva, crear un Tractat sobre Comerç d’Armes és un deure de responsabilitat. Un deure de responsabilitat no cap a una hipotètica utopia futura. És un deure de responsabilitat cap a allò que fins ara hem fet malament i allò que podem canviar cap a millor a partir del juliol. I entre el que hem fet malament, permetre la proliferació, el descontrol i el mal ús de les armes, amb les terribles conseqüències de la pèrdua de més de 500.000 vides humanes a l’any, és clarament un dels errors més greus.

En la 3a Reunió Preparatòria de juliol de 2011, em va fer molta il·lusió retrobar-me amb Flory Kayembe, activament implicat en la prevenció de la violència a la República Democràtica del Congo. Per desgràcia, ell ara ja no és entre nosaltres i no veurà una cosa per a la qual va lluitar sempre: l’existència d’un Tractat que reguli el comerç d’armes. Vostès, que no només tenen l’oportunitat de veure-ho, sinó la capacitat d’impulsar-lo, per favor, no desaprofitin aquesta oportunitat històrica. I si el juliol tira endavant un bon Tractat, vostès n’hauran estat els protagonistes. I després, podran i podrem explicar a les nostres nebodes, filles i netes que, davant un greu problema, ens vam esforçar, vam cercar i vam trobar una solució.

Moltes gràcies.