¿Queremos erradicar el terror?

15 11 2015
Foto: StarMedia

Foto: StarMedia

París. Viernes por la noche. Un nuevo zarpazo de barbarie. Seis ataques coordinados, disparos indiscriminados, 129 muertos, 300 heridos, 99 en estado crítico. Desolación. Impotencia. Terror.

Lo primero que hay que hacer es llorar las víctimas. 129 personas han visto truncadas sus vidas y sus esperanzas. Y solidarizarse con sus seres queridos: centenares de familiares y amistades estarán sufriendo el sinsentido de una muerte criminal.

No le pongamos peros. Esos ciudadanos de París han muerto salvajemente, injustamente, en manos de gente enloquecida por el fanatismo y la ignorancia. No debería haber sucedido, bajo ninguna circunstancia. Ninguna razón, sea la que sea, puede justificar un acto criminal así.

Debemos hacer todo esto. Pero también algo más.

Nos toca pensar y analizar. Determinar y proponer. Evaluar y actuar. Mirar de entender porque estas barbaridades se producen. Procurar actuar de manera que no vuelvan a producirse. Dejar de hacer lo que puede alimentar que se reproduzcan. No hacer lo que el terrorismo yihadista busca que hagamos.

El terrorismo yihadista (primero Al Qaeda, luego Estado Islámico –Daesh de ahora en adelante- y multitud de otros colectivos) lleva años creciendo en número de grupos, acciones, nivel de brutalidad y facilidad para conseguir nuevos adeptos. Crece su importancia y, sobretodo, su impacto e influencia.

Sin duda, el principal alimento del yihadismo es el discurso del odio. Por ello, sacrificar -por una supuesta lucha más efectiva contra el terrorismo- los valores del diálogo, la paz, la tolerancia y los derechos humanos, sería un grave error. Y la primera victoria del yihadismo.

Daesh busca que el virtual choque de civilizaciones se haga realidad. Y para ello es fundamental que la delicada cohesión de las sociedades europeas salte por los aires. La islamofobia, además de una respuesta absurda (la mayoría de víctimas de Daesh son otros musulmanes) sería la segunda victoria del yihadismo: precisamente es lo que busca, que muchos ciudadanos europeos de ascendencia musulmana vean el extremismo como única salida.

Decenas de miles de personas se sienten atraídas por esos discursos extremistas y, sobretodo, por la expectativa de nueva realidad que le ofrece Daesh. Es vital cortocircuitar esa conexión. Pero no siempre nos damos cuenta que el desastre, la injusticia y el caos de este mundo –del que participamos y sacamos tajada- pueden ser factores que faciliten el tránsito de mucha gente hacia el extremismo violento.

Condenamos el sectarismo, la intolerancia y el racismo existente en el discurso y la práctica de Daesh. Pero a veces nos olvidamos que en toda Europa las proclamas xenófobas, simplistas y que criminalizan al inmigrante y al diferente encuentran cada vez más eco social. Y que muchos partidos e instituciones, para mirar de contener ese crecimiento, copian y reproducen esos discursos, dándoles así aún más credibilidad, legitimidad y resonancia.

Nos extraña que haya gente que no encuentre otra salida que el extremismo violento. Pero no nos damos cuenta de que, a veces, nuestras políticas exteriores no dejan demasiadas salidas: dejamos pudrir situaciones de tensión, damos apoyo a regímenes impresentables, intervenimos en conflictos con intereses cortoplacistas y nos desprecoupamos del inmenso drama que generan a miles, centenares y a veces a millones de personas que los sufren. Y, finalmente, cuándo vienen a nuestras fronteras, huyendo de la violencia, les cerramos las puertas.

Condenamos la extrema violencia de Daesh, pero participamos de una cultura de la violencia que implica un gasto militar desorbitado y ofrecer respuestas militares, a menudo con estúpida sobreactaución, a problemas que demandan soluciones políticas.

Nos preocupamos de la pujanza de Daesh pero mantenemos como aliados a regímenes que han tolerado, facilitado y permitido el desarrollo económico, armado y reclutativo de Daesh. Regímenes que hacen políticas represivas y discriminatorias, que cortan todas las salidas de expresón política, que discriminan a colectivos y que frustran los anhelos de mucha gente joven.

Nos extrañamos de que Daesh disponga de suficientes recursos económicos e incluso comercie, pero olvidamos que vivimos en un mundo que permite, tolera y practica la economía criminal y los paraíses fiscales.

Abominamos de las atrocidades cometidas con armas pero hemos tardado 20 años a adoptar un Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) que, de cumplirse, debería impedir el acceso al mercado de armas por parte de criminales, genocidas, regímenes represivos y grupos terroristas.

Llevamos 15 años alarmados por el terrorismo yihadista pero no nos damos cuenta que la ‘guerra contra el terror’ solo ha conseguido incrementar el volumen y la virulencia terrorista.

Nos da mucho miedo Daesh pero no acabamos de comprender que nos debería dar más miedo muchas de las decisiones políticas, económicas y sociales que hacen este mundo como es. La dramática verdad es que Estados y líderes políticos mundiales no tienen una agenda sincera y honesta en favor de la paz, los derechos humanos, la democracia y la justicia. Si miramos Siria (lugar dónde Daesh se ha desarrollado e implantado aprovechando el caos y zona de origen de la mayoría de refugiados del mundo) deberemos constatar que las actuaciones de las potencias mundiales (Estados Unidos, Rusia, China, Europa) y de las potencias regionales (Irán, Arabia Saudí, Turquía, etc.) han actuado en ese país siguiendo muchos intereses y prioridades pero, nunca, el de preocuparse por la suerte de la población siria y una solución justa al conflicto.

Seguramente, ni procurando hacerlo todo bien podríamos evitar totalmente el azote de la violencia. Pero si no nos tomamos en serio el fomento de la paz, la defensa de los derechos humanos y la promoción de la justicia, es seguro que deberemos aprender a convivir con altas dosis de violencia, caos y barbarie.

Anuncis




Je suis Charlie Hebdo

7 01 2015
Gran il·lustració del dibuixant David Pope @davpope

Gran il·lustració del dibuixant David Pope @davpope

 

Deu persones han estat assassinades per fer el que saben i volen fer: periodisme i humor gràfic. I dos policies, que havien acudit als llocs dels fets, han patit la mateixa sort.

Un fet terrible.

Que, afegit a tants altres fets terribles que passen arreu (també avui mateix, per exemple, al Iemen) em fan pensar en la frase que li he llegit avui al Xavier Masllorens: ‘La brutalitat i l’estupidesa humana no fan festa mai‘.

No coneixia prou el setmanari. Però em puc imaginar que algunes de les coses publicades m’haurien fet riure molt i que d’altres m’haurien semblat molt fallides. Però és igual, avui em sento de Charlie Hebdo: sense matisos.

És cansat de repetir-ho, però cal fer-ho: prendre la decisió de posar fi a la vida d’altres persones, i a més a més per motius tant bàsics com aquests (dibuixar i opinar!), no ens parla de cap projecte polític, ideològic, religiós o moral; ens informa només del grau de bestialitat, intolerància i nul·la empatia que algunes persones són capaces de desenvolupar. I és greu.

L’atemptat ja s’ha fet. No podem tornar enrere. Però sí que podem mirar de no perdre la calma i evitar de caure en actituds i reaccions que, enlloc de minar les bases del fanatisme que hi ha al darrere de l’atemptat, el reforcin.

. Una reacció que em repugna:

Ja hi ha qui apunta cap a la comunitat musulmana en bloc, a la immigració o als ciutadans de determinats països. Que ho faci gent del carrer és trist. Que ho facin persones amb responsabilitat -per exemple, l’acalde Albiol- és gravíssim. I, curiosament, potser sense adonar-se’n, militen en la mateixa simplificació conceptual que els terroristes: associar conductes i valors a comunitats senceres.

Sens dubte, els feixismes es retroalimenten. En un context en el qual a Europa el discurs islamòfob i antiimmigració arrasa i els tocs xenòfobs i racistes semblen afectar a bona part de les forces polítiques, aquest atemptat comès al crit ‘d’Al·là és gran’ fa témer el pitjor. És dur adonar-se’n però el cert és que avui a Europa mantenir-se crític cap al racisme ja és molt. I això és el millor que podem recomanar i recomanar-nos: no deixar-nos engalipar per la -ridícula- por a la diferència.

. Una reacció que em preocupa:

A l’hora d’analitzar i reflexionar, sempre cal posar-hi context i prendre perspectiva. Altrament tindríem reaccions purament immediates però escassament encertades. Però compte a no confondre posar context amb fugir d’estudi.

Quan parlem d’assumptes relacionats amb el Pròxim Orient, és clar que hem de tenir present els conflictes pendents, el sentiment de marginació i maltracte que molts àrabs i musulmans perceben de part de la comunitat internacional, les implicacions que serveis secrets de governs occidentals han tingut i tenen en la formació del monstre jihadista, etc. Però posar context ha de servir per entendre millor, no menys. I, avui, veient alguns tuits tinc la sensació que hi ha qui apel·lava al context perquè, ras i curt, no s’atrevia, no volia o no se sentia còmode condemnant l’atemptat amb claredat. Podríem dir: posem-hi context però no amaguem el cap sota l’ala.

. Ser conscients de la complexitat, el millor antídot:

La realitat és complexa. I això ha de ser el millor antídot contra el simplisme vulgaritzador i feixistitzant. Que entre els assassinats d’avui hi hagi un musulmà, que, de fet, la majoria de víctimes del terrorisme jihadista siguin musulmanes o, en positiu, que entre les mostres de solidaritat i condol expressades avui moltes vinguin del món musulmà haurien de ser dades suficients per trencar estereotips i falses percepcions. Fem-ho, i ajudem a fer-ho.





Armes contra l’Estat Islàmic: solució o increment del problema?

10 09 2014

stado-islamico

14 de desembre de 2012: Adam Lanza, un jove de 20 anys, entra a l’escola Sandy Hook de Newtown (Connecticut) i, armat amb dues pistoles i un rifle, obre foc de forma brutal i, finalment, se suïcida. A banda d’ell, vint-i-set persones moren, vint de les quals infants de 6 i 7 anys.

Fins i tot la societat nord-americana, acostumbrada a matances d’aquest tipus, va quedar molt impactada. Per primera vegada, es generà un cert clam social per la regulació de l’accés a les armes. El mateix president Obama va exigir traduir ‘les paraules en accions’.

Una setmana més tard de la tragèdia, Wayne Lapierre, vicepresident de la poderosíssima Associació Nacional del Rifle (NRA), va manifestar en una roda de premsa que si els professors haguessin tingut una arma haguessin pogut repel·lir l’atac. És a dir, la solució no passaria per a canviar el problema (reduir l’accés i tinença d’armes) sinó incrementar-lo: posant-hi més armes.

Són paraules que van escandalitzar a molta gent, no només a Europa (on la percepció de la sobre les armes és molt diferent a la nord-americana) sinó també als Estats Units.

Però no sé si, en altres àmbits no acabem actuant com reclamava en Wayne Lapierre…

La irrupció amb força del grup gihadista Estat Islàmic (EI), independitzat d’Al Qaida i, de fet, superant-lo en terror i deshumanització, és un fet d’extrema gravetat. La seva acció sobre el terreny, la capacitat de reclutar nous combatents i els buits de poder en molts estats, fan témer el pitjor.

Caldria preguntar-se, però, si algunes de les solucions que es proposen són adequades o, tard o d’hora, poden acabar incrementant el problema. Davant la dificultat d’intervenir-hi directament i tenint ben present el record dels fracassos de les intervencions a l’Iraq, Afganistan i Líbia, diversos països han optat per l’enviament d’armes a alguns dels actors armats (kurds, iraquians i grups d’oposició sirians) que combaten l’EI.

Deixem de banda que tots aquests actors tenen historials no pas nets de vulneracions de drets humans (encara més si, en aquesta coalició anti-EI s’hi inclou el règim de Baixar Al-Assad). Però, segur que és una solució? Potser oblidem que, en part, la presència de l’EI i la seva força sobre el terreny es deu a les moltes armes que s’han anat enviant en diversos llocs, també suposadament com a solució a altres problemes i conflictes.

Recordem Líbia: un cop ‘rehabilitat’ diversos països, molts d’ells europeus, no van tenir cap angúnia a vendre armes al coronel Gaddafi. Al cap de ben poc, però Occident i diversos països àrabs van passar a combatre el dictador i, de fet, durant la crisi de 2011, Qatar i Emirats Àrabs Units, tot i l’embargament vigent, van enviar armes a les diverses faccions de l’oposició.

Bona part de l’arsenal del règim libi i de les armes que es van fer arribar a l’oposició, van acabar circulant cap altres llocs i indrets: per exemple, Mali (on va fer ‘falta’ una intervenció de França) i Síria.

Pel que fa a Síria, Rússia, Qatar, Aràbia Saudita, Turquia, Iran i Estats Units durant quasi tres anys han estat venent o bé facilitant l’entrada d’armes al règim sirià uns i a les diverses faccions armades opositores, els altres.

Doncs bé, una part d’aquests enviaments d’armes a Líbia, Síria, Iraq, etc. van acabar finalment a en mans de l’EI. Armes amb les quals han pogut avançar sobre el terreny i cometre tota mena d’atrocitats. Amb tota aquesta experiència, segur que enviar més armes a la zona és una bona solució?





Tenim un problema amb les víctimes

16 04 2013

Sí. I gruixut.

Cada vegada que a Europa o els Estats Units hi ha un atemptat, la reacció del món polític, la cobertura que se’n fa als mitjans de comunicació i, al final,  la preocupació de la ciutadania, és altíssima. Si els atemptats produeixen un elevat nombre de víctimes, llavors els mitjans aturen programacions i el pols informatiu se centra en tot allò que té a veure amb l’atemptat: quants morts hi ha hagut; quin és l’estat de les víctimes; com està l’ànim de la gent; què diuen els responsables polítics; qui ha fet l’atemptat…

I quin és el problema? Que no fem el mateix amb les víctimes de països no occidentals. I la comparació és feridora: cada dia hi ha atemptats i assassinats ‘selectius’ amb desenes de morts i ferits que, per ser de països del sud, semblen ser menys greus. Ni els polítics reaccionen, ni els mitjans en parlen gaire. I, és clar, al final molta gent no s’hi sent tant concernida.

Ha de ser molt dur per a un conciutadà procedent d’Afganistan, Colòmbia o la RD del Congo -per citar alguns exemples- veure com les portades s’omplen d’unes morts quan mai hi ha espai per a les altres que, a més, els són ben properes.

Les explicacions són diverses: que no és el mateix un atemptat en un país en conflicte que en un país on no n’hi ha; que no es pot comparar un país llunyà que un país amb un ‘estil de vida’ com el nostre, etc. Però, més enllà de justificacions, el fet és el que és: es dóna més visibilitat a unes morts que a unes altres. I això, és clar, s’acaba traslladant al grau necessitat de resposta política: en el cas de les víctimes occidentals és urgent fer-hi alguna cosa. En les altres… ni es planteja.

Polítics i periodistes farien molt bé de pensar-hi. La invisibilització i el menyspreu no són les eines que ens fan falta per a construir societats més cohesionades i móns en pau.

Però compte, també cal encertar el to en la reacció davant d’aquesta invisiblització de les víctimes del Sud. No caiguem, com fan alguns dels nostres ‘hipercrítics’, a menysprear les víctimes occidentals: respectem-les i deixem temps, a les seves famílies i persones estimades, per al dol. No em sembla lògic que, ahir a la nit pràcticament al segon que sabíem que hi havia gent morta a Boston, veure tuits dient ‘on són les altres víctimes?‘. Un xic de sensibilitat i capacitat per a gestionar els temps és altament recomanable en situacions així. Les persones que pateixen la violència -a Boston, Jaffna, Ciudad Juárez, Kigali, San Salvador o Darfur- no en tenen la culpa de les dinàmiques de poder que, fatídicament i estúpida, es traslladen i reforcen des de la política i els mitjans.

En aquest cas, els camins de la construcció d’un món amb pau i drets humans i del periodisme digne, conflueixen plenament: no podem invisiblitzar cap víctima. I cal estar amb totes les víctimes.





Pensant en Mali: quatre obvietats que no ho són tant

18 01 2013

He anat difonent aquests dies via twitter alguns articles interessants sobre el que està passant a Mali. Aquí escriuré quatre obvietats perquè, desgraciadament, no són prou òbvies: els nivells de desinformació i confusió que circulen encara són considerables.

1. No podem oblidar que hi ha un conflicte polític…

L’atac francès es presenta com una acció necessària per a frenar el terrorisme que ve del Nord. Però, més enllà que també hi ha el patiment d’una metròpoli en veure la pèrdua de control sobre un excolònia, compte a només quedar-se amb això.

Les fronteres africanes són el màxim exponent d’arbitrarietat. Mali, un gran estat que inclou realitats molt diferents, té un Nord poblat per comunitats tuareg, que tradicionalment sempre ha estat abandonat, menystingut i maltractat pel govern malià. No només hi ha diferències culturals i ètniques evidents: també hi ha un desigual accés a les opcions econòmiques i al poder polític. El malestar tuareg es va convertir, fa uns anys, en revolta armada i, finalment, va aconseguir la independència d’Azawad, el nom de la terra dels tuaregs.

2. … ni tampoc l’extensió real del terrorisme de matriu gihadista

Però l’aliança tuareg es va esberlar: la facció més propera al gihadisme, Ansar al Dine, aliat amb grups vinculats a Al-Qaida (AQMI) o escindits (MUJAO) –aquest darrer, responsable del segrest del cooperant mallorquí Enric Gonyalons- i, junts, van acabar combatent, i desplaçant, el MNLA.

Així d’un nou estat independent es passava a una zona controlada per grups vinculats al terrorisme de matriu gihadista. I amb una presència cada cop més creixent a la zona.

3. Les intervencions militars mai són quirúrgiques

Els exèrcits dels estats africans, també el de Mali, havien de fer la feina i França donar-hi suport. Al final, França ha iniciat l’atac. Es va dir que la presència francesa seria aèria i, ara, també és terrestre. Se’ns va dir que seria cosa de setmanes i ja es parla de mesos. Era un atac a una part de Mali… i ja ha impactat a Algèria. I és que les guerres ho són tot menys quirúrgiques i netes.

4. Volem realment evitar situacions com aquestes?

Doncs cal que fem altres polítiques, prou diferents a les que bona part de la comunitat internacional va practicant. Tres pistes, com a exemple:

a) enfortir estats democràtics enlloc de posar-ne de titelles: potències i estats amb pes global o regional solen preferir estats dèbils però fidels als seus interessos que no pas governs democràtics que responguin a les necessitats de la ciutadania. Mentre se segueixi així, la possibilitat d’una mínima governança creïble a Mali, i a altres llocs, serà una quimera.

b) combatre la pobresa, la manca d’educació i la marginalitat: si volem evitar la capacitat d’atracció dels gihadistes cal promoure la justícia, la redistribució de la riquesa, el foment de les oportunitats, etc. Les persones i comunitats sense present ni futur s’agafen al que troben i segueixen als que els ofereixen alguna cosa. Encara que sigui a canvi d’un futur de submissió que, en aquell moment, no coneixen prou encara.

c) controlar el flux de les armes: la fàcil i lliure circulació de les armes permet que diversos grups es puguin armar i actuar. A Mali, entre altres fonts, hi ha moltes armes procedents de la desfeta del règim libi que, al seu torn, es va abastir de molts llocs, també d’Europa. Cal posar ordre: controlar el comerç de les armes seriosament per tal d’evitar l’incendi de situacions de conflicte. Un Tractat mundial que posi les armes sota control, fet que es tornarà a negociar aquest mes de març, hi podria ajudar molt.





Amb Oslo, lúcidament contra la violència

25 07 2011

Una ciutat, Oslo, i un país, Noruega, que m’estimo especialment han patit una brutal esgarrapada per part d’un fanàtic. Noruega és un país amb tradició i present d’impuls a iniciatives a favor de la pau i els drets humans. Algunes, de caràcter més simbòlic, com acollir el Premi Nobel de la Pau, i d’altres, menys visibles però ben efectives: la implicació en mediació de conflictes o el suport a processos i tractats de desarmament global.

En aquests darrers anys d’obssessió per la seguretat i de discurs de la por, hi ha qui ha acusat Noruega de ser massa confiada, massa tova. En definitiva, de ser massa ingènua i ‘pacífica’ per a fer front a les amenaces d’avui. Sense anar més lluny, diversos cables de Wikileaks revelaven aquestes impressions per part de diplomàtics i agents nord-americans.

Evidentment, caldrà revisar el que calgui i perfeccionar els sistemes de seguretat per a evitar al màxim casos com aquests. Però seria una llàstima que es volgués aprofitar aquest tràgic esdeveniment per a fer propaganda del militarisme. En primer lloc perquè aquest no és cap garantia de plena seguretat: els països amb més despesa militar i amb més armament també han patit casos brutals de terrorisme. Però, sobretot, perquè en el fons el militarisme no combat ideològicament el terrorisme, sinó que l’alimenta.

Per això, quan amb la proclama de lluitar contra el terrorisme s’han limitat drets i llibertats per tot arreu, m’ha agradat que el primer ministre noruec, Jens Stoltenberg, malgrat l’impacte personal i col·lectiu patit, hagi dit ben clarament i lúcida: “La violència contra la democràcia només pot ser resposta amb més democràcia”.





Obama, 0 – Bin Laden, 2

3 05 2011

(article publicat al Diari ARA el 03/05/2011)

Una notícia d’impacte va sacsejar ahir totes les previsions: la fi del líder d’Al Qaida. No es pot negar: des dels atemptats de l’11 S Bin Laden ha estat un personatge clau per a entendre la primera dècada del Segle XXI. Pel que ha fet (atemptats espectaculars a base de menysprear la vida de milers de persones; liderar un nou actor global fonamentat en el terrorisme), pel que va aconseguir (atacar el cor dels Estats Units, dur la por a Occident) i perquè, encara que fos una simple excusa, va esdevenir l’eix del discurs oficial sobre seguretat: la guerra contra el terrorisme con a prioritat de la política global.

L’alegria als Estats Units era, ahir, notòria. Als despatxos, però també al carrer. Comprensible en una societat per la qual l’11 S és un record ben viu. Però, fora dels Estats Units, la reacció també ha estat unànime. I, el més sorprenent, ha estat veure desenes de caps d’estat i de govern de països democràtics expressant públicament la seva satisfacció per aquesta acció.

Certament, que Bin Laden no pugui planificar, animar o cometre més atemptats, és una magnífica bona notícia. Que se l’hagi assassinat, no. El final de Bin Laden ha estat sense judici, sense defensa, sense garanties, per part d’agents estrangers secrets en un tercer país. Tot un monument a la irregularitat que posa en qüestió els principis de l’Estat de dret. La pena de mort, una decisió ben execrable, es sentencia després d’un judici amb totes les garanties formals i processals. En el cas de Bin Laden, res d’això s’ha produït.

Cal ser tant escrupolós amb un assassí implacable com Bin Laden? Sí, cal ser-ho. Però no pas per deferència cap a ell sinó per lleialtat als principis democràtics si és això el que volem defendre dels atacs exteriors. La democràcia, el respecte als drets humans, la creació d’una cultura de pau, són coses que cal proclamar però, sobretot, practicar. Sovint oblidem que moltes aberracions es revesteixen amb principis nobles i paraules ben elevades: la retòrica dels dictadors, terroristes, genocides i similars, no és pas lluny de les bones paraules. La prova de cotó de la democràcia, l’estat de dret i la justícia, per tant, no és pas cridar molt sinó fer les coses correctament. I, és clar, que l’estat democràtic més poderós del món faci bandera d’una execució extrajudicial, mentre la resta aplaudeix, no és afavorir la democràcia o la cultura de pau sinó més aviat el contrari.

Hi havia altres opcions? Efectivament, que Bin Laden respongués davant la justícia. Una gran oportunitat per a que respongués públicament dels seus actes, amb una gran càrrega simbòlica i pedagògica afegida. Que era difícil i plantejava dubtes i llacunes jurídiques? Segur. Però res comparable amb l’execució extrajudicial com a espectacle global.

D’altra banda, si l’estructuració d’un sistema internacional de justícia és lenta i precària, no és pas perquè sí. Si el Tribunal Penal Internacional (TPI) és un instrument jurídic tan jove (nascut el 1998, no entra en vigor fins el 2002) és perquè els governs han estat profundament refractaris a admetre un sistema judicial que, al marge dels estats, pogués actuar contra perpetradors de genocidis i crims contra la humanitat. Precisament, i entre altres, els Estats Units sota el mandat de Bush van esdevenir el principal agent activament boicotejador de les possibilitats de desplegament del TPI. Amb Obama, una certa sensatesa ha tornat a les relacions entre els Estats Units i el TPI però sense plantejar-se, en cap cas, l’adhesió al mateix.

En una de les celebracions d’ahir es podia llegir un cartell que deia: ‘Obama 1, Bin Laden 0’. Segur? Obama, que ha volgut bastir una presidència sobre la idea que l’imperi de la llei és moralment i pràctica superior al de la força bruta sense contemplacions, passarà a la història per una execució extrajudicial aplaudida a tot el món. Obama ha guanyat Bin Laden però no ho ha fet seguint els seus principis proclamats sinó, precisament, incomplint-los. Doble pèrdua.