Anuncio de pequeña despedida

6 05 2022

Queridas y queridos,

Llevo un montón de años trabajando en FundiPau (antes Fundació per la Pau) y ha llegado el momento de parar. Estaré aún un par de meses trabajando a fondo (impulsando campañas, encarrilando proyectos, poniendo orden) y preparando el relevo que se hará efectivo este verano.

Han sido unos años preciosos. Y me considero muy afortunado de haberlos podido vivir. Mucho.

Pero creo muy sinceramente que después de estos años a la entidad le conviene renovar la dirección y que otras personas puedan aportar nuevas energías, visiones y capacidades a una tarea muy necesaria. Y, pese a mantener al 100% el compromiso con la paz y la entidad, personalmente también creo que me conviene un cambio.

A pesar de muchas precariedades y limitaciones, este trabajo es magnífico. Contiene, eso sí, un pequeño gran drama: hay tantas violencias, injusticias y barbaridades en este mundo que siempre te sientes en deuda. Que no llegas a todo. Como ciudadano ya pasa. Pero como persona que trabaja en una entidad que quiere cambiar las cosas, a menudo te invade la sensación que pese a haber hecho esto, aquello y lo de más allá (muchas veces por encima de las capacidades humanas, técnicas y económicas de la entidad) siempre quedan temas por abordar, conflictos por analizar, hechos por explicar, campañas por lanza, indecencias por denunciar, problemas por resolver, procesos por impulsar, iniciativas por promover y personas por acompañar.

En cualquier caso, mirando atrás todo este tiempo, queda mucho trabajo hecho.

En los primeros años, conectando con el espíritu fundacional de la entidad, acciones educativas potentes: el CD Rom interactivo, los 25 argumentos en cómic, el Concurso de Animaciones, el “Enfortim Drets”, las exposiciones sobre cultura de paz, globalización, derechos humanos, las jornadas, seminarios, charlas, conferencias y talleres, etc. También las campañas pioneras “Por la paz, no a la investigación militar”, “La Paz no pasa por los ejércitos” o “Escuelas Objetoras”. O promover y facilitar la participación de la sociedad civil catalana en el mayor acontecimiento por la paz nunca celebrado: el Hague Appeal for Peace. Muchos de los jóvenes que participaron, hoy son activos importantes!

Y, después, impulsando procesos de desarme, control de armas y desmilitarización. Sensibilizando, denunciando, proponiendo e incidiendo para que las instituciones públicas hagan el trabajo que les corresponde: crear condiciones de paz, no de guerra. La prohibición de las minas antipersonales y las bombas de dispersión y la primera regulación mundial del comercio de armas han sido grandes hitos (y para los que hemos podido vivirlos desde dentro, experiencias inmensas). También, la campaña sobre las armas nucleares: ha conseguido cosas que parecían imposibles hace 6 años y, espero, se consigan más próximamente.

También mirando de favorecer, modesta pero decididamente, condiciones de paz en el País Vasco, un conflicto cercano pero ante el cual demasiada gente -por miedo, incomodidad o dificultad- prefirió desconectar.

O profundizar lazos con activistas de derechos humanos, colectivos noviolentos, grupos de mujeres, víctimas que se sobreponen al odio y la venganza y, en general, gente comprometida en todo el mundo.

Y pese a la larga lista de temas pendientes, y de retrocesos, no se pueden negar los avances producidos: la extensión social de la cultura de paz, el establecimiento de una mínima política pública de paz en Catalunya (Ley de Fomento de Paz, ICIP, proyectos municipales, etc.), el mayor control y transparencia del comercio de armas en España o los avances en desarme a nivel mundial. Y una de les cosas que más feliz me hace: que la etapa violenta y brutal del conflicto en el País Vasco haya sido superada.

Un final de etapa siempre es un buen momento para reflexionar, y decir, varias cosas.

En primer lugar, pedir disculpas por todas las veces (muchas más de las que querría tener que admitir) que he fallado, me he equivocado o no he estado suficientemente atento o cuidadoso. Y por todas las ocasiones que, a veces por desborde y a veces por falta de habilidades personales y capacidades profesionales, no he estado a la altura. Lo siento, sinceramente!

En segundo lugar, pese a que he visto injusticias inmensas, violencias insufribles, irresponsabilidades gravísimas y silencios escandalosos, este trabajo me ha permitido conocer gente maravillosa. Un montón. En todos lados. Y eso es fantástico. La mejor energía para cargar la vida, personal y colectiva. No somos suficientemente conscientes de la cantidad de cosas que se aguantan por el compromiso, concreto y -muy a menudo- silencioso, de tanta gente en tantos sitios!

En este sentido, y en tercer lugar, hay un tejido social, aquí y en todos sitios, impresionante. Es pequeño. Tiene muchas limitaciones, sufre enormes dificultades y contiene, también, algunas contradicciones. Pero una cosa es cierta: el conjunto de entidades, colectivos, ONG y movimientos sociales que tenemos son un activo fantástico. Sin todo esto, la realidad sería espectacularmente más escalofriante.

Permitidme, en concreto, un elogio a esta entidad que es sus causas y, también, su gente. Soy un poco tiquismiquis. El primer sorprendido de que haya estado tantos años en FundiPau soy yo mismo. Sí, el trabajo es potente y uno se siente muy útil haciéndolo. Pero si he aguantado tanto es por una razón esencial: porque la calidad humana que circula por la entidad es espectacular. Solo nombrando dos personas que nos han dejado, Alfons y Quico (como os echamos de menos!), ya queda claro qué tipo de gente, preciosa e inmensa, hay. Os animo a dar apoyo a FundiPau, una entidad que hace mucho trabajo y dónde su gente (equipo técnico, patronato, activistas, las más de 500 personas colaboradoras económicamente y las miles de simpatizantes y cercanas) son un gran tesoro. Que este tesoro crezca e ilumine mucho más!

En cuarto lugar, y finalmente. No se puede negar: el menosprecio hacia la vida humana aun define, demasiado, nuestro tiempo, las decisiones políticas, las prioridades económicas, las dinámicas sociales y las actitudes humanas. La lista de ejemplos es muy larga. Y, desgraciadamente, bien actual.

Pero también es cierto -el trabajo y resultados de FundiPau y muchas otras entidades lo demuestra- que cambiar las cosas es posible. Si realmente hay conciencia y voluntad ciudadanas de avanzar hacia mayores cotas de justicia, libertad, derechos humanos y paz, no hay poderes capaces de pararlo.

Muchas gracias por estar ahí!

Nos vamos encontrando y viendo en mil y una cosas!

Abrazos!


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