¿Queremos erradicar el terror?

15 11 2015
Foto: StarMedia

Foto: StarMedia

París. Viernes por la noche. Un nuevo zarpazo de barbarie. Seis ataques coordinados, disparos indiscriminados, 129 muertos, 300 heridos, 99 en estado crítico. Desolación. Impotencia. Terror.

Lo primero que hay que hacer es llorar las víctimas. 129 personas han visto truncadas sus vidas y sus esperanzas. Y solidarizarse con sus seres queridos: centenares de familiares y amistades estarán sufriendo el sinsentido de una muerte criminal.

No le pongamos peros. Esos ciudadanos de París han muerto salvajemente, injustamente, en manos de gente enloquecida por el fanatismo y la ignorancia. No debería haber sucedido, bajo ninguna circunstancia. Ninguna razón, sea la que sea, puede justificar un acto criminal así.

Debemos hacer todo esto. Pero también algo más.

Nos toca pensar y analizar. Determinar y proponer. Evaluar y actuar. Mirar de entender porque estas barbaridades se producen. Procurar actuar de manera que no vuelvan a producirse. Dejar de hacer lo que puede alimentar que se reproduzcan. No hacer lo que el terrorismo yihadista busca que hagamos.

El terrorismo yihadista (primero Al Qaeda, luego Estado Islámico –Daesh de ahora en adelante- y multitud de otros colectivos) lleva años creciendo en número de grupos, acciones, nivel de brutalidad y facilidad para conseguir nuevos adeptos. Crece su importancia y, sobretodo, su impacto e influencia.

Sin duda, el principal alimento del yihadismo es el discurso del odio. Por ello, sacrificar -por una supuesta lucha más efectiva contra el terrorismo- los valores del diálogo, la paz, la tolerancia y los derechos humanos, sería un grave error. Y la primera victoria del yihadismo.

Daesh busca que el virtual choque de civilizaciones se haga realidad. Y para ello es fundamental que la delicada cohesión de las sociedades europeas salte por los aires. La islamofobia, además de una respuesta absurda (la mayoría de víctimas de Daesh son otros musulmanes) sería la segunda victoria del yihadismo: precisamente es lo que busca, que muchos ciudadanos europeos de ascendencia musulmana vean el extremismo como única salida.

Decenas de miles de personas se sienten atraídas por esos discursos extremistas y, sobretodo, por la expectativa de nueva realidad que le ofrece Daesh. Es vital cortocircuitar esa conexión. Pero no siempre nos damos cuenta que el desastre, la injusticia y el caos de este mundo –del que participamos y sacamos tajada- pueden ser factores que faciliten el tránsito de mucha gente hacia el extremismo violento.

Condenamos el sectarismo, la intolerancia y el racismo existente en el discurso y la práctica de Daesh. Pero a veces nos olvidamos que en toda Europa las proclamas xenófobas, simplistas y que criminalizan al inmigrante y al diferente encuentran cada vez más eco social. Y que muchos partidos e instituciones, para mirar de contener ese crecimiento, copian y reproducen esos discursos, dándoles así aún más credibilidad, legitimidad y resonancia.

Nos extraña que haya gente que no encuentre otra salida que el extremismo violento. Pero no nos damos cuenta de que, a veces, nuestras políticas exteriores no dejan demasiadas salidas: dejamos pudrir situaciones de tensión, damos apoyo a regímenes impresentables, intervenimos en conflictos con intereses cortoplacistas y nos desprecoupamos del inmenso drama que generan a miles, centenares y a veces a millones de personas que los sufren. Y, finalmente, cuándo vienen a nuestras fronteras, huyendo de la violencia, les cerramos las puertas.

Condenamos la extrema violencia de Daesh, pero participamos de una cultura de la violencia que implica un gasto militar desorbitado y ofrecer respuestas militares, a menudo con estúpida sobreactaución, a problemas que demandan soluciones políticas.

Nos preocupamos de la pujanza de Daesh pero mantenemos como aliados a regímenes que han tolerado, facilitado y permitido el desarrollo económico, armado y reclutativo de Daesh. Regímenes que hacen políticas represivas y discriminatorias, que cortan todas las salidas de expresón política, que discriminan a colectivos y que frustran los anhelos de mucha gente joven.

Nos extrañamos de que Daesh disponga de suficientes recursos económicos e incluso comercie, pero olvidamos que vivimos en un mundo que permite, tolera y practica la economía criminal y los paraíses fiscales.

Abominamos de las atrocidades cometidas con armas pero hemos tardado 20 años a adoptar un Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) que, de cumplirse, debería impedir el acceso al mercado de armas por parte de criminales, genocidas, regímenes represivos y grupos terroristas.

Llevamos 15 años alarmados por el terrorismo yihadista pero no nos damos cuenta que la ‘guerra contra el terror’ solo ha conseguido incrementar el volumen y la virulencia terrorista.

Nos da mucho miedo Daesh pero no acabamos de comprender que nos debería dar más miedo muchas de las decisiones políticas, económicas y sociales que hacen este mundo como es. La dramática verdad es que Estados y líderes políticos mundiales no tienen una agenda sincera y honesta en favor de la paz, los derechos humanos, la democracia y la justicia. Si miramos Siria (lugar dónde Daesh se ha desarrollado e implantado aprovechando el caos y zona de origen de la mayoría de refugiados del mundo) deberemos constatar que las actuaciones de las potencias mundiales (Estados Unidos, Rusia, China, Europa) y de las potencias regionales (Irán, Arabia Saudí, Turquía, etc.) han actuado en ese país siguiendo muchos intereses y prioridades pero, nunca, el de preocuparse por la suerte de la población siria y una solución justa al conflicto.

Seguramente, ni procurando hacerlo todo bien podríamos evitar totalmente el azote de la violencia. Pero si no nos tomamos en serio el fomento de la paz, la defensa de los derechos humanos y la promoción de la justicia, es seguro que deberemos aprender a convivir con altas dosis de violencia, caos y barbarie.





Fugint de la violència

1 11 2015
Foto: The Guardian

Foto: The Guardian

(Article demanat per Entrepobles i publicat a la seva revista núm 64. Tardor 2015)

Entre la primavera i estiu d’enguany, vam assistir a una autèntica tragèdia humanitària a la Mediterrània. Desenes de milers de persones que fugien de la violència intentaven creuar el mar –sovint en condicions ben penoses i perilloses- cap a Europa a fi de poder encaminar la seva vida amb més seguretat.

Cal recordar que, abans de l’estiu, les notícies d’ofegats al Mediterrani no van generar excessius escarafalls a la societat, els mitjans de comunicació o les institucions. Més aviat al contrari: quan a Europa es discutia sobre el possible nombre de refugiats a acollir, vam haver d’aguantar un repugnant regateig dels líders europeus que consistia en aconseguir el menor compromís possible. Certament, l’extrema dreta xenòfoba va fer l’agost amb el tema, però polítics com Cameron, Rajoy o la mateixa Merkel inicialment també va adoptar una actitud freda i distant.

Però, enmig de tot plegat, va aparèixer una foto. L’Aylan, un nen kurd-sirià va ser trobat mort a la costa turca. La seva foto va córrer i, en poques hores, va esdevenir icona mundial de la tragèdia. I va provocar un canvi en la mirada del drama dels refugiats. Del passotisme, la indiferència i, fins i tot el cinisme, es va passar a una expressió pública de solidaritat.

Arreu d’Europa molta gent va mostrar la seva indignació i va reclamar reacció. Ajuntaments, com el cas de Barcelona, van fer un pas endavant, reivindicant el paper d’acollida. La cosa es va anar escampant. Al final, bona part dels líders europeus van acabar fent-se fotos i fent declaracions en el sentit que calia adoptar una actitud humanitària amb els refugiats.

Però al cap de poc, ja ens havíem oblidat de l’Aylan. I les polítiques oficials van continuar ignorant una realitat, evitant de coordinar-se i procurant no implicar-se excessivament. I, més enllà d’això: l’onada de refugiats no et pot reduir a un cas emblemàtic d’un nen. Són milions, de totes les edats, de molts llocs, de maneres de fer i viure ben diferents.

I no són una cosa puntual. Any rere any creix el nombre de refugiats que vol arribar a Europa. I sinó canvia la realitat que els empeny a marxar de casa, la tendència creixent continuarà.

 

Fugir de la violència per protegir la vida

Si les persones refugiades i desplaçades que hi ha al món constituïssin un estat, serien el 24è estat més gran del món. Una simple dada que ens situa, de cop, que som davant d’un problema de primera magnitud.

Les persones naixem en un lloc determinat i per circumstàncies personals, familiars o laborals podem anar a viure a una altra banda Però en general ens quedarem al lloc de naixement o al lloc que, per aquestes circumstàncies, hem acabat escollint com a nova casa nostra.

Sovint, la pobresa, la fam i la falta d’expectatives materials, provoquen que molta gent acabi marxant del seu país. Són les migracions que coneixem.

A vegades, però, el fet de marxar no és per canviar de vida sinó per a preservar-la. Viure sota les bombes o les matances, les vulneracions sistemàtiques dels drets humans o la persecució per ser d’una ètnia, una confessió religiosa o una opció sexual determinada, és malviure. I molta gent fuig, amb l’esperança de trobar un nou entorn. Són els desplaçats (els que deixen casa seva però es ressituen dins de la mateixa frontera de l’Estat) i refugiats (els que fugen de casa per mirar de ser acollits en un altre Estat).

Si algú es pensava que això dels desplaçats era una cosa del passat, res més lluny de la realitat: el nombre de persones que es veuen forçades a marxar, ha arribat al seu màxim nivell des que se’n tenen dades precises. Segons l’Alt Comissionat de les Nacions Unides per als Refugiats (UNCHR en anglès, ACNUR en castellà o català) el 2014 es va registrar una xifra rècord: 59,5 milions de persones desplaçades i refugiades. Vuit milions més que el 2013, 22 milions més que les xifres de 10 anys abans. D’aquests 59,5 milions, quasi 40 són desplaçats interns i quasi 20 són refugiats.

I malgrat que el dret d’asil és un dret humà bàsic i fonamental, recollit en la Declaració Universal dels Drets Humans (‘en cas de persecució tota persona té dret a gaudir d’asil polític en qualsevol país’), hem vist com la majoria d’estats europeus han cercat la manera d’evitar comprometre’s i no atendre els centenars de milers de persones que cercaven asil a Europa.

Però per valorar el galdós paper europeu, hem de girar la mirada enrere: el primer instrument jurídic internacional específicament dedicat als refugiats fou la Convenció sobre l’Estatut dels Refugiats de 1951 que, precisament, estava pensada per a regular els fluxos poblacionals forçats ocorreguts durant la Segona Guerra Mundial.

Si el món es va “inventar” la protecció dels refugiats pel patiment viscut per milions d’europeus, ara, Europa, el limita, el regateja i el restringeix. Tota una derrota moral europea absoluta.

Sens dubte, fa falta que els governs es comprometin, i practiquin, els principis humanitaris més fonamentals. Que reaccionin davant d’aquesta tragèdia. Però el millor humanitarisme, i el més efectiu, no és el que posa la tirita sinó el que es pregunta el perquè de la ferida i mira d’evitar-la.

L’increment brutal dels refugiats es deu, en bona part, a un nou rebrot dels conflictes armats. Després de molts anys en què el nivell de conflictivitat anava a la baixa, els darrers anys ha tornat a pujar. I no només pel nombre de conflictes sinó pel profund impacte en nombre de ferits, morts i desplaçats que alguns d’aquests conflictes recents, han provocat.

Com el cas de Síria, per exemple, el principal país del món pel que fa a generació de refugiats.

En només quatre anys, Síria ha esdevingut un país trencat i dessagnat. Tres anelles de conflictivitat, realimentades i superposades, han arrasat ciutats senceres. En un primer moment, al caliu de la primavera àrab, desenes de milers de joves van sortir pacíficament al carrer per protestar contra el règim i reclamar més accés, justícia i llibertats. La reacció governamental va ser brutalment repressiva i violenta. Una part de l’oposició es va armar i l’espiral de la violència va continuar incrementant-se.

En aquest punt, les potències regionals amb interessos al país van activar-se: Iran, tot donant suport logístic i militar al règim, i Aràbia Saudita i altres monarquies petrolieres mirant de reforçar els seus aliats –amb armes i suport econòmic- a fi d’apuntalar-los per tal que estesin ben posicionats en cas de caiguda del règim. Entre alguns d’aquests actors armats promocionats, o que es van saber espavilar enmig del caos, va fer acte de presència el jihadisme.

Finalment, l’anella internacional: Rússia, per lligams tradicionals amb el règim i per gestió d’interessos geostratègics i econòmics, donant suport explícit al règim. Per l’altre cantó, els Estats Units, França i Gran Bretanya, amb diferents nivells d’implicació i decisió, reforçant l’oposició armada pensant en tenir un aliat de futur.

El caos a la regió ha fet la resta: retroalimentant i complicant més la situació del conflicte sirià. L’Iraq post-ocupació, amb tot el reguitzell d’atrocitats comeses per les forces d’ocupació, els greuges per les tensions i les venjances comunitàries mal resoltes i la lògica de la cultura de la violència, va veure com Estat Islàmic, la cara més extremista del jihadisme, campava a plaer.

Durant aquests quatre anys, aquestes tres anelles han anat reforçant la lògica militar i abonant tota mena de ‘solucions’ armades (enviament armes, més combatents, capacitació militar, bombardejos, etc.). Uns escassíssims intents de negociació política, sense una autèntica pressió i implicació de la comunitat internacional, van fer fracassar estrepitosament les opcions de pau.

Resultat, el principal drama humanitari del Segle XXI: en un país de 20.000.000 de persones, més de 300.000 morts i més de 10.000.000 de sirians desplaçats i refugiats. La major part d’aquests darrers, per cert, acollits per països amb situacions econòmiques i socials molt més complexes i difícils que les d’Europa.

És clar: com més s’eternitzen els conflictes i els seus impactes, pitjor: part de la gent que ha marxat a Europa, no ha fugit de Síria, sinó que fuig dels camps de refugiats, en veure que el conflicte s’eternitza i la falta d’expectatives és el pa de cada dia.

Afganistan, Somàlia, República Democràtica del Congo, República Centreafricana, Sudan, etc. Són altres dels llocs del planeta que expulsen desenes de milers de persones.

Ho sabem: deixar podrir els conflictes, participar irresponsablement en el suport a règims criminals o oposicions criminals (i fer-ho per interessos immediatistes sense valorar l’impacte que això té sobre la població), assortir d’armes zones conflictives i explosives, generar ressentiments a base de vulneracions de drets humans, tenir un sistema econòmic on la criminalitat (d’empreses, actors, grups terroristes, estats autoritaris, etc.) té porta d’entrada, etc. Tot això són elements que fan un món més insegur, més injust, més explosiu. Que genera i ajuda a perpetuar conflictes armats, morts, destrucció i, és clar, refugiats i desplaçats.

Davant l’allau de refugiats, cal una política humanitària de xoc i acollida. Però l’autèntica política humanitària és fomentar la pau, afavorir la resolució de conflictes, promoure la garantia dels drets humans (tots, els civils i polítics i també els econòmics i socials), exercitar la democràcia i consolidar instruments i mecanismes de governabilitat regional i global més democràtica i justa.

Mentre permetem o, directament fomentem, la injustícia, la barbàrie i la violència, l’onada de refugiats serà una, entre moltes altres, de les conseqüències que haurem d’administrar.

 

Principals estats d’origen dels refugiats 2014 Font: UNCHR-ACNUR
1. Síria 3.880.000
2. Afganistan 2.590.000
3. Somàlia 1.110.000
4. Sudan 666.000
5. Sudan del Sud 616.000
6. República Democràtica del Congo 516.000
7. Birmània 479.000
8. República Centrafricana 412.000
9. Iraq 369.000
10. Eritrea 363.000

 

Estats que més persones refugiades acullen el 2014. Font: UNCHR
1. Turquia 1.590.000
2. Paquistan 1.510.000
3. Líban 1.150.000
4. Iran 982.000
5. Etiòpia 659.000
6. Jordània 654.000
7. Kènia 551.000
8. Txad 452.000
9. Ucraïna 385.000
10. Xina 301.000




L’Aylan no va morir dimarts

3 09 2015

No. La seva mort ve de lluny, fins i tot d’abans de néixer.

Quan va venir al món ja ho tenia complicat: un poble sense estat, el kurd, en el marc d’una Síria controlada per un govern autoritari.

Però la seva vida encara es va complicar més quan faltaven pocs mesos per néixer. El 2011, contagiats pel clam de justícia i dignitat que va remoure el món àrab, una part important del poble sirià va dir prou i va sortir al carrer. I el règim de Baixar al-Àssad va reprimir amb brutal duresa les manifestacions ciutadanes. S’iniciava una època encara més fosca.

Va morir una mica més quan els enemics eterns de la regió, l’Iran i l’Aràbia Saudita van començar a moure les seves peces. Els primers apuntalant l’escalada repressiva del règim i els segons, veient l’oportunitat de posar uns ‘nous’ més ‘seus’, facilitant la deriva armada de la revolta, inicialment, pacífica i ciutadana.

La vida a l’Aylan se li va complicar molt més quan, entre l’estímul saudita i el deixar fer turc, i en part, el benefici indirecte per al règim, grups islamistes van començar a aparèixer per Síria, contaminant la revolta i, a la vegada, impedint-la.

Va morir encara més quan Rússia i EEUU, lluny d’actuar com a potències responsables (cosa que no solen fer gaire, certament) van mirar-s’ho en clau d’interessos immediatistes. Els primers armant el règim i defensant la seva actuació internacionalment, sovint amb el suport de la Xina, i els segons, amb la participació també de França i Gran Bretanya, armant o entrenant grups rebels però, en el fons, pensant que una guerra de desgast entre dos enemics (Síria més l’Iran, per un cantó, i el gihadisme, per l’altre) era un escenari prou llaminer. Tot això, és clar, amanit per l’absoluta indiferència cal al patiment de la població.

L’Aylan va encaminar-se cap a la mort definitiva quan en el marc de la degeneració del conflicte sirià i de les conseqüències de la guerra i l’ocupació de l’Iraq (caos, greuges i tensions comunitàries mal gestionades, etc.) neix la vessant més brutal del terrorisme gihadista: l’Estat Islàmic. Una presència que també va arribar a les zones kurdes, fins llavors més allunyades de l’enfrontament, patint el seu assetjament en llocs com Kobani, d’on, segons diverses informacions, procedia la família de l’Aylan.

I sí, finalment, va morir aquest dimarts en una situació dramàtica, generant una imatge esfereïdora que ha fet la volta al món i que ha sacsejat moltes consciències. Fins i tot les de gent, polítics i periodistes que fins fa quatre dies o bé passaven del tema o bé el resolien amb l’habitual recepta de duresa i crueltat: cal més policia, més murs, més repressió; evitar l’allau; que vagin a una altra banda; és el seu problema, no el nostre; mala sort, us ha tocat.

Però més enllà de l’impacte emocional d’ara, tinguem-ho clar: la seva tragèdia, i en diferent grau, la tragèdia dels 10.000.000 de desplaçats de Síria (quasi la meitat de la població) ve de lluny.

I sinó ens prenem seriosament la lluita per la justícia, els drets humans, la prevenció i resolució dels conflictes, el desarmament i el control d’armes, per més que ens esgarrifin les morts de nens com l’Aylan, ens haurem de resignar a veure’n moltes més.





D’esquerres que són murs. I d’esquerres que els volen saltar

14 11 2014
Foto: Jaume Pagès

Foto: Jaume Pagès

 

Sí, fa una mica de temps 😉 Era el diumenge 12 de novembre de 1989.

Objectors de consciència, insubmisos, pacifistes i altra gent de mal viure havíem confluït en una cadena humana contra el servei militar.

Per moltes raons, tinc especial estima per aquesta foto: és simpàtica (l’autor, en té la culpa: jo no vaig ser conscient en cap moment que la feia), em recorda que havíem quedat amb una colla de bons amics (en Joan, la Cristina, etc.), era un dia important per als companys i companyes de lluita per l’objecció de consciència (en Pepo, de fet, és darrere meu) però, sobretot, la recordo molt especialment per una feliç coincidència. I és que va ser l’endemà que veiéssim per televisió unes imatges impactants: la revolta ciutadana contra l’ignominiós Mur de Berlín.

La coincidència va fer que manifestar-se aquell dia tingués una doble dimensió, i així ho vam viure molts: denunciar un militarisme caduc i caspós, representat per la mili, i celebrar la fi d’un símbol de l’opressió i la manca de llibertat més elementals, el Mur.

És veritat que hi havia una certa esquerra que mai va denunciar el Mur. I fins i tot, alguns sectors, el van defensar activament. Per mi era un actitud incomprensible: un estat que espia els seus ciutadans, que els reprimeix quan es queixen o discrepen, que posa un mur per impedir que marxin i que els dispara quan intenten fugir, és un estat profundament repugnant i indigne.

A nivell teòric i conceptual ho tenia clar. Però, a més, el meu pare era un actiu esperantista. I com que en molts països de l’Est l’esperanto era una de les poques vies tolerades pels règims per a poder marxar a l’estranger o assistir a congressos internacionals, per casa havien passat diversos esperantistes dels països de l’antic bloc soviètic. La majoria d’ells eren persones cultes, brillants, respectuoses i entranyables. Però totes patien molt: tenien molta cura de no fer res –o que no passés res, fins i tot involuntari: perdre el passaport, per exemple- que pogués ser interpretat per l’aparell policial com una desafecció al règim. I percebre aquesta por, terriblement injusta, en la cara i el gest de bellíssimes persones, costa d’oblidar.

L’esquerra és lluita per la justícia. I esclafar els espais de llibertat i pensament propi de les persones és una profunda injustícia. I callar davant de certes atrocitats perquè ho fan els ‘teus’ o perquè no vols donar arguments a l’adversari, no és cap acte de maduresa. És, senzillament, un acte d’encobriment de la barbàrie.

Celebro que, aquestes dies, persones diverses –de l’esquerra, dels moviments socials alternatius, de la lluita per la pau i els drets humans- haguem confluït en un manifest que, tot i no compartir-lo al 100%, desenvolupa una idea essencial: la vida de les persones està per sobre dels interessos de blocs o d’anàlisis geoestratègiques parcials.





Vuit idees sobre el terratrèmol de les Eleccions Europees

26 05 2014

1. Prudència: és el primer que cal dir. Els resultats presenten dades espectaculars. Però cal mirar-les amb calma. Els nivells de participació han estat en alguns països grans d’Europa molt baixos (36%, 40, 43%, 47%…). Mirem, doncs, aquests resultats com a indicadors i tendències però no els prenem com a foto definitiva. Les coses estan canviant, sí, però en unes eleccions generals a França, Gran Bretanya, Espanya, etc. (on la participació pot registrar fins a 30 punts més que ahir) part de les coses podrien tornar a ser, no totalment, però sí una mica més com eren abans.

Feta aquesta crida a la prudència, les dades són realment impressionants, per a bé i per a mal:

2. El somni d’Europa esdevé malson: des d’una vessant crítica, sempre hem considerat que tot el procés de construcció europea tenia dos elements preocupants: una baixa legitimitat democràtica i un cert segrest per part de les elits i sectors econòmics poderosos. Però, innegablement, Europa -respecte als Estats nació- sempre havia representat un ideal de major ambició civilitzatòria: més a prop dels drets humans i la pau que no pas de la mirada curta de la ‘raó d’estat’, per exemple.

Recordem el poeta: ‘Nord enllà, on diuen que la gent és neta i noble, culta, rica, lliure, desvetllada i feliç!’… Doncs bé, alguns dels resultats d’ahir trenquen brutalment aquesta idealització.

3. Una extrema dreta i un populisme xenòfob en ascens

Les xifres de vot cap a les forces d’extrema dreta, populistes xenòfobes o antieuropeistes estatalistes provoquen vertigen: guanyen a França, a Gran Bretanya i incrementen representació o n’obtenen per primera vegada en molts països. Sembla clar que part del malestar per la gestió nefasta d’aquesta crisi, per una Europa allunyada de la ciutadania, per aquestes famílies polítiques tradicionals que no acaben de fer missatges ideològics diferenciats, està anant a parar al simplisme de tancar-se i culpar la immigració de tots els mals.

4. Les persones, som responsables

Podem ser molt crítics amb el sistema econòmic, les lògiques que provoquen i porten la gent a la insolidaritat, la falta d’expectatives dels partits oficials que generen fugides a altres bandes amb discursos més simples… però, malgrat tot, si l’extrema dreta guanya a França o Gran Bretanya és, senzillament, perquè la gent així ho vol. Si, malgrat tot, el PP guanya a Espanya, és perquè la gent vol. Si, dels 5 candidats a presidir la Comissió Europea, el més gris i conservador, en Juncker, és el que té més punts per a endur-se el càrrec és perquè a Europa la gent que ha votat ho ha volgut així. I és que, finalment, en el món democràtic, si les coses són lletges o es fan malament és perquè a bona part de la gent ja li sembla bé que sigui així.

Espanta, per la poca responsabilitat de tanta gent. Però també ens indica que, en bona part, que les coses siguin així o puguin ser d’una altra manera, depèn de la gent.

5. Espanya: l’ocàs del bipartidisme

El PP ha guanyat i el PSOE manté la segona posició. A partir d’aquí tot són notícies desastroses per a ells. Cada cop pinten menys i la tendència sembla no tenir aturador. El fet que, plegats, no superin el 50% dels vots… és molt revelador del canvi de fons en el sistema de partits polítics que s’està produint. Un indicador contundent del cansament, la desconnexió i l’afartament de molta gent per com va tot.

6. La fi de la mirada contemplativa a l’esquerra

Arreu d’Europa la socialdemocràcia fa fallida, recula o, senzillament, aguanta. Tot i que hi ha factors interns i causes específiques, també presenta problemes i dimensions comunes. La principal: la socialdemocràcia no és percebuda com una alternativa a la situació actual, sinó com a part responsable.

Evidentment, no és fàcil construir coses noves: però el que no té sentit és que la socialdemocràcia sigui la primera a venir a dir que ‘no hi ha alternativa‘. Mirem el cas del PSOE: que, encara avui, defensi la monarquia sense cap angúnia; que, fins fa 4 dies, estigués més pendent d’indultar banquers que de defendre drets socials; que fos inductor, i no pas corrector, de la bombolla immobiliària, etc. i que tot això ho justifiqui per l’estabilitat, és transmetre un missatge duríssim: el món és el que és i nosaltres no hi podem fer gaire cosa més que aguantar-lo. Canviar-lo, seria un perill! No és, precisament, un missatge gaire esperançador per a una força d’esquerres.

Als països més castigats per la crisi, l’esquerra a l’esquerra de la socialdemocràcia ha fet, en general, bons resultats, amb el cas de Grècia al davant. A l’Estat, però, la irrupció de Podemos, provoca també una evident inquietud a IU, i passa al davant de projectes nous i frescos com Equo. És probable que a Catalunya ocupi part de l’espai que ha deixat orfe, en aquestes eleccions, la CUP. Però, en general, també suposa un toc d’atenció a l’esquerra de l’esquerra. El malestar és molt repartit. I, compte: això no vol dir que el triomf de Podemos es degui a factors tots ells de renovació política i d’exigència de fons: sembla clar que el factor mediàtic ha tingut un pes important. I, això, no és precisament un factor gaire ‘nou’.

7. La sacsejada a Catalunya

Fins fa uns anys, es podien pensar moltes coses en clau catalana. Fer moltes combinacions de Govern i projeccions d’aliances però, sempre sempre, passaven per CiU o el PSC. Els 2 partits grans que, més enllà d’òbvies diferències ideològiques, també representaven els partits d’ordre.

Doncs bé, el terratrèmol que ve produint-se a Catalunya en els darrers anys (pel tema nacional però no només) cada cop és de més nivell. Que un dels partits ‘petits’ hagi guanyat unes eleccions, que CiU quedi segona i el PSC tercer, que ICV, un altre ‘petit, superi al PSC en diverses ciutats, etc. són coses que ningú hagués pogut imaginar fa 10 anys. Perquè ho entenguem de cop: la suma d’ERC, ICV-EUiA i Podemos és superior (38,63%) a la de CiU i PSC (36,14%). Impressionant.

8. L’onada sobiranista: no és tan gran, però és onada

El dret a decidir queda reforçat: les forces favorables al dret a decidir (ERC, CiU, ICV-EUiA i Podemos) sumen un 60,49%. Fa 5 anys, aquest sector només arribava al 37,72%. El canvi és brutal.

Cal no oblidar, però, que hi ha molta gent que no ‘trempa’ amb el procés. El PSC més allunyat del dret a decidir, el PP més dur i els opositors explícits Cs’ i UPyD han arreplegat -sumats- un 31,65% dels vots en unes eleccions amb poca participació. Gens menyspreable. I alguns dels nostres ‘hiperventilats’ haurien de tenir-ho present.

En qualsevol cas, és innegable que el catalanisme polític, a dreta, centre i esquerra, s’ha passat en massa al camp del sobiranisme. I, això, és clar, és un terratrèmol de proporcions gegantines. Els analistes que encara van dient que tot això és una dèria del Mas o un procés gripal puntual, farien bé de callar. I, enlloc de receptar més Constitució, haurien de començar a acceptar la realitat: a Catalunya, hi ha una majoria de persones que volen, pensen i desitgen un camí nou propi i independent d’Espanya.





Algunes pistes per a orientar-se davant les Eleccions Europees

12 05 2014

 

foto banderes europees

 

I bé, d’aquí a ben poc començaran les Eleccions al Parlament Europeu (PE). Més de 400 milions de persones dels 28 estats membres de la Unió Europea (UE) votaran qui els representarà a Brusel·les. A l’Estat espanyol, això serà el 25 de maig. I escollirem 54 diputats d’un total de 751.

Els recels habituals que molta gent té a l’hora de votar (‘No hi entenc‘, ‘Fan el que volen‘, ‘No serveix de res‘, etc.) es veuen clarament incrementats en unes eleccions europees: la major complexitat, la llunyania, la sensació d’irrellevància (més suposada que real), etc. De fet, la participació en unes europees a l’Estat no es troba entre els nivells més alts de vot en unes eleccions però, en les dues darreres -2004 i 2009-, ja va quedar directament per sota del 50%.

Per a la gent més polititzada i crítica, aquestes eleccions són ambivalents: d’una banda, s’aprecia l’ideal europeista que va impulsar la Unió Europea (la voluntat de superar segles de guerres al continent) però de l’altra, es recela d’una UE que s’ha anat construint amb un greu dèficit democràtic i amb massa servituds cap a les elits econòmiques.

Tot plegat, i afegit a que darrerament la UE s’ha guanyat un vernís antipàtic, fa que sigui molta -i diversa- la gent que no mostra cap interès en participar-hi.

Caldria, però, no confondre’s: una cosa és decidir no votar com una opció conscient i l’altra considerar que les europees no són unes eleccions importants. Qualsevol persona que hagi patit les conseqüències de la crisi econòmica recent és prou conscient del pes de les decisions de la UE sobre la nostres vides. No només en els programes d’ajust: recordem que a Itàlia i Grècia els caps de govern va canviar perquè Brusel·les va voler.

És clar: el Parlament Europeu és, de tota l’arquitectura europea, la part menys decisòria. Però el Tractat de Lisboa li confereix més poders i, en aquestes eleccions, el nomenament del president de la Comissió Europea dependrà dels resultats electorals. En qualsevol cas, i més enllà de la mobilització ciutadana per a incidir sobre els governs i vigilar els poders econòmics, votar en unes eleccions al Parlament Europeu és, per magre que sigui, una de les poques vies formals per a donar la nostra opinió sobre tot allò que es va fent des de i en el nom d’Europa.

 

De què van aquestes eleccions?

Són molts els aspectes que incideixen en la convocatòria electoral del 25 de maig. Personalment, temàtiques com la de la construcció de pau, la defensa dels drets humans, la promoció de la justícia i la cooperació, l’enfortiment de les polítiques de benestar, etc. són aspectes que crec imprescindibles de valorar. En parlarem en propers textos.

Però, hi ha tres grans àmbits que, en un sentit o en un altre, ningú hauria de deixar de desconèixer abans de prendre la decisió de votar o no (i, en cas de votar, a qui votar):

1. L’amenaça del populisme xenòfob i simplista truca a la porta

Un dels impactes de la crisi ha estat el creixement de discursos molt simples que tendeixen a desqualificar tot el sistema polític a l’engròs i a assenyalar la immigració, la diferència, etc. com a origen i causa de tots els problemes. Les proclames racistes i xenòfobes, que fa anys semblaven minoritàries a Europa, avui són presents arreu.

Malgrat totes les crítiques que puguem fer-li, la UE es va construir sobre apel·lacions de llibertat, tolerància i drets humans. I, avui, una part gens menyspreable dels futurs eurodiputats poden militar en la intolerància i el racisme més desacomplexats. I és que la desafecció, la baixa participació, el ressò dels discursos demagogs, etc. pot provocar un fet inèdit: segons diverses enquestes, les forces que se situen en l’extrema dreta -o que en prenen idees-, poden guanyar les eleccions a França, Gran Bretanya o Holanda.

Si algú pensa no votar perquè creu que no ens hi juguem res o perquè creu que té poc impacte el seu vot… que hi pensi: del seu vot, del nostre vot, en depèn que el PE faci angúnia de mirar. Ara per ara, els eurodiputats que podríem considerar ubicats o propers a l’extrema dreta se situen per sobre dels 60, un el 8% de l’hemicicle. Després del 25 de maig… podrien arribar a duplicar-se. Sens dubte, seria una nefasta influència per a la política europea dels propers anys.

2. ¿Què fem amb la crisi?

Què ha fet la UE per afrontar la crisi?

Ha posat deures als Estats, tot exigint la reducció del dèficit, retallades pressupostàries i, al capdavall, l’afebliment de l‘estat del benestar. Però ni ha fet una revisió crítica dels perquès de la crisi, ni ha promogut la depuració de responsabilitats de determinades elits econòmiques que tenen una excessiva influència sobre Brusel·les ni ha advocat per a canviar pautes i mecanismes del sistema econòmic vigent. Així, el cost de la gestió de la crisi ha recaigut brutalment sobre els sectors més empobrits i desfavorits.

Aplaudir aquesta gestió, o esmenar-la profundament, és un dels factors clau a determinar en aquestes eleccions. I que afecta, de ple, a la nostra qualitat de vida.

Certament, les institucions europees no són els únics organismes que tenen responsabilitat en la situació econòmica actual. Però per petita que sigui la influència, no seria el mateix que els partits que han defensat les polítiques d’austeritat triomfessin a que la victòria se l’enduguessin els partits que posen l‘accent en la defensa de les conquestes socials aconseguides.

3. El dret a decidir

Les eleccions són d’àmbit europeu però, amb la perspectiva d’una consulta per al proper mes de novembre, també hi haurà una lectura en clau catalana: es vulgui o no, els resultats a Catalunya també es llegiran en termes de suport o no al dret a decidir.

Evidentment, a Madrid i a Brusel·les es mirarà amb atenció els resultats a Catalunya: un baixa participació i un vot menor a les forces polítiques que defensen el dret a decidir, seria interpretat com un afebliment del procés. Un alta participació i un ampli suport per als partits favorables al dret a decidir, enviaria el missatge que tot això no és una febrada sinó un compromís sòlid i ferm de la ciutadania catalana. Sí: els resultats d’aquestes eleccions condicionaran la mirada amb la que s’analitzarà el grau de convicció de la ciutadania catalana sobre el dret a decidir.

 

A l’hora de votar, què hem de tenir en compte?

Podrem votar entre 39 llistes i coalicions de partits ‘d’aquí’. Però, compte: al Parlament Europeu, els eurodiputats no s’asseuen pel seu partit ni per l’Estat d’on provenen. S’hi asseuen en funció de la inscripció a algun dels grups parlamentaris que hi ha. Grups que marquen ideologia i que condicionen les votacions.

En el fons, a més de mirar el programa del partit que votem, hauríem de preguntar-nos: ‘a quin grup aniran’?

Ara mateix, n’hi ha 7 (el conservador de centredreta, el socialdemòcrata, els liberal – demòcrates, l’ecologista – autodeterminacionista, el conservador euroescèptic, el d’esquerra postcomunista i el populista xenòfob i antieuropeista) més el dels no inscrits.

I és bo saber, és clar, a quins grups aniran els ‘nostres’ partits. I, per a afegir complexitat, tenir present algunes casuístiques:

. es poden votar llistes/partits/coalicions diferents… que al final compartiran el mateix Grup: ERC, ICV, Compromís-Equo i Bildu-BNG, van en llistes diferents però tots aniran a parar al Grup dels Verds / Aliança Lliure Europea.

. en canvi, votant una sola llista/partit/coalició, pots acabar ‘votant’ indirectament per dos grups: és el cas de la llista de CiU i PNB (on 2 partits diferents -CDC i PNB- aniran al mateix grup, el liberal demòcrata, i el company de coalició de Convergència, UDC, anirà a un altre grup, el de centredreta) o el de la d’IU-ICV, on els diputats d’IU aniran al Grup de l’Esquerra Unitària i el d’ICV al dels Verds.

. pel que fa als partits ‘nous’ caldria preguntar-los, i s’haurien de mullar, sobre a quin grup pensen incorporar-se. Per exemple, UPyD ha estat en el Grup dels No inscrits (conjuntament amb el Front Nacional francès, per cert). UPyD i Ciutadans han crescut a partir d’una certa indefinició ideològica. Al Parlament Europeu però, on hi tants Grups prou diversos, és difícil defugir la definició del teu espai. I, és clar, d’això se’n poden treure conclusions interessants sobre quin és la posició – ubicació real d’aquells partits que han anat creixent enmig del ‘ni de dretes ni d’esquerres, ni monàrquics ni republicans, etc.‘.

 

Què cal fer?

El que vulguis!!

En tot cas, no podem pensar que aquestes eleccions no tenen cap impacte o importància. El PE decideix i, decidirà encara més, moltes coses que ens afecten.

I, sens dubte, en termes de garantir drets civils i polítics, de defensa d’unes altres prioritats econòmiques i socials i de reivindicació del dret a decidir al nostre país, votar en aquestes eleccions europees, té el seu què.

 

Annex amb recursos i informacions (actualitzat a 21-05-2014)

Informació general sobre les eleccions, candidatures, PE, etc.

. Web del Parlament Europeu sobre les Eleccions:

. Els 7 grups parlamentaris existents al Parlament Europeu:

. Les 39 candidatures que tot ciutadà de l’Estat podrà escollir

. ‘On anirà el meu vot de les eleccions europees?‘ per Bel Zaballa sobre llistes i grups

. Interessant debat entre els 5 candidats a la presidència de la Comissió Europea

. ‘Claus per entendre el debat entre candidats a la Comissió Europea‘ per Laura Ruiz

. Control i informació sobre activitat al PE

Informació sobre àrees temàtiques

. Debat organitzat per la Federació Catalana d’ONG amb candidats a Europa

. Manifest de diverses ONG: ‘Per una Europa de Drets Humans

. Anàlisi sobre les polítiques de Defensa al blog del Col·lectiu ‘Utopía Contagiosa’

. Campanya ‘No votis injustícia‘ per aturar el vot xenòfob i racista

. Anàlisi i acció sobre temes de lluita contra la pobresa – ‘DaTacTic – EUCiberaction’

. Opinió candidats a presidir la Comissió Europea sobre Dret a Decidir x VilaWeb

. Informe sobre partits polítics i drets lingüístics a la UE de l’As. Cat d’Esperanto

. Campanya contra el Tractat de Comerç (TTIP) entre la UE i els USA

 

I si no temps de res… mira almenys aquest imprescindible vídeo de la Campanya #NeverForgetToVote





Lliçons d’Islàndia: la indignació sense fons no canvia res

28 04 2013

Un sistema econòmic que fa fallida. Un poder econòmico-financer que se’n desentén amb la mateixa lleugeresa amb la que va cimentar la crisi. Uns actors polítics incapaços de fer autocrítica. Un sistema de representació devaluat i debilitat. I un seguit de decisions que carreguen la sortida de la crisi en les espatlles dels que menys responsabilitat en tenien.

Un guió prou majoritari del que a Europa, i especialment al Sud, s’ha fet. A Islàndia, però, es va fer diferent: a partir de la revolta ciutadana del 2008-2009, es van convocar eleccions, va caure l’anterior govern, es van iniciar processos ambiciosos de canvi a nivell sistèmic i, finalment, el nou govern, dins l’estret marge que tenia, va prendre decisions més enfocades a protegir la gent que a respectar les demandes financeres. I a fixar i exigir les responsabilitats pertinents.

Una altra resposta que, d’alguna manera, era un interessant banc de proves de com fer net amb un xic de dignitat i justícia.

Per això, ara, no podem obviar el que ha passat: les eleccions han fet fora el govern que va protagonitzar aquesta transició i han premiat els partits de la deregulació del sistema financer i de la tolerància-connivència amb l’especulació.

Sens dubte, són molts els factors que cal tenir en compte a l’hora d’analitzar-ho. Però no podem deixar de dir-ne un que, honestament, crec que és clau: cal admetre que la indignació que es va viure a Islàndia tenia més a veure amb el malestar concret i diari que amb una anàlisi de fons. I, ara, davant les dificultats per a la butxaca que les polítiques del nou govern havien suposat (tipus d’interès molt alts que van incrementar els deutes privats i familiars) la gent ha castigat els nous ‘gestors’ sense atendre a responsabilitats de fons.

De fet, res que no sapiguem. Però que, en cap cas, i també pensant en casa nostra, hauríem d’oblidar: la indignació purament reactiva, sense anàlisi de fons, valors assumits i compromís real, no canvia la realitat.